Dios te ama y te quiere salvar.  

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

San Juan 3:16

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Esta es la gran y verdadera razón por la cual Jesús murió crucificado en el calvario.   Azotado, coronado de espinas, golpeado con varillas, abofeteado, increpado por la multitud, llevado como un malechor. Más él como manso cordero, inocente, sin culpas ni pecado, decidido a sufrir el horrendo sacrificio que lo habría de desangrar hasta morir.   ¿Por qué lo hizo?, por toda la humanidad.  LLevó la culpa nuestra, nuestros pecados y maldades, para librarnos de la muerte eterna, de la condenación de la humanidad caída en el pecado.  No escatimó ser igual a Dios como cosa a la cual aferrarse, sino se entregó a si mismo y luego de morir, resucitó para luego subir a los cielos, desde donde intercede como abogado santo y justo por todos quienes creen en él. 

¿Quieres recibir a Jesús? Hoy mismo sin necesidad de intermediarios, en soledad e intimidad puedes orar a él, y presentarle tu angustia, dolor, temores, ansiedad y pedir que te conceda salvación del alma y perdón de pecados.   Te hará su hijo o hija y vendrá a morar contigo en tu corazón, hasta el día en que te vendrá a buscar para llevarte al padre celestial, donde sin temor, angustia o enfermedades, morarás con él y con todos quiénes hemos creído en su nombre por la eternidad.

 

Juan Guerrero, su hermano en Cristo.

Todo ser humano debe enfrentar

la VERDAD y la GRACIA:

La verdad: Nos recuerda que somos pecadores, que desde niños fuímos aprendiendo a desarrollar tendencia al mal; no solo en lo que hacemos, sino también en nuestros pensamientos y en lo que no hacemos.  La verdad, corrige nuestros pecados, ilumina nuestro camino, descubre nuestras necesidades humanas y espirituales, nos enseña a pedir por nuestro perdón y salvación del alma.  La verdad es la misma Palabra de Dios y el mismo Jesucristo, quién se presentó como el camino, la verdad y la vida.

La Gracia: Es la manifestación de amor benigno y del conjunto de virtudes, dones y bendiciones de Dios, para con todos los que le buscan y se acercan con fe.   Es el remedio o medicina del alma herida, cansada, agobiada, triste y de todos quienes necesitan salvación eterna. Nos permite alcanzar gratuitamente, sin obras ni méritos, el perdón y salvación de Dios.

Jesús te llama a recibir esta verdad y gracia salvadora.

Juan Guerrero, su hermano en Cristo.

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"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".

(San Juan 8:31-32)

 

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios"

(Efesios 2:8)

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"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;".

(San Mateo 11:28-29)

 

"El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán".

(Isaías 40:29-31)

¿Estás cansado o agobiado?

El cansancio físico se puede derivar del esfuerzo por realizar actividades que incrementan el trabajo muscular y del sistema cardiovascular, respiratorio y metabólico.   Un sobresfuerzo, aumentará las necesidades básicas de oxígeno y nutrientes, pudiendo incluso generar lesiones o gatillar afectaciones de la salud.   Del cansancio se pasaría al agobio, un estado de respuesta sobrexigida del organismo.   Imagina lo que ocurría, en los hipertensos, en los diabéticos, en personas con enfermedades respiratorias o en cardiópatas; podría ser mortal.

Lo mismo sucede con el alma; sobrexponerla a trabajos y cargas, a situaciones de estrés, angustia, traumas y sobre todo sin tener a tu lado a un Salvador, podría ser fatigoso, produciendo desde simples alteraciones del ánimo a estados agobiantes de tristeza sin causa aparente, descontrol emocional y llanto.  No te entregues al agobio, no cedas a la depresión, ni a deseos de evadir la realidad, descansando en fármacos, otras drogas o pasatiempos no saludables; mucho menos deseando morir.  Dios tiene gracia salvadora para ti.

 

Jesucristo te llama para que no sufras en soledad.  Él ofrece llevar tus cargas y que independientemente, si estás cansado o agobiado por el trabajo y las cargas de la vida, vengas a él y le recibas como Salvador, Señor y Rey.

Jesús te llama a conocer esta verdad y gracia que te hará descansar.

Juan Guerrero, su hermano en Cristo.

¿Estás enfermo o con dolencias?

Las dolencias muchas veces son síntomas de alteraciones de la salud, que junto a los signos o señales que se pueden medir, como la temperatura, presión arterial y otros, permiten generar diagnóstico de alguna enfermedad.   Pero más allá de los tecnicismos, el enfermo tiene una vivencia, particular y única de su enfermedad.  Perder la salud, no sólo se acompaña de síntomas como las molestias generales o el dolor, sino también porque progresivamente puede llevar a perder funciones básicas y a generar incapacidad para funcionar saludablemente.

Lo anterior, no solo genera sufrimiento en el enfermo, sino también en quienes le cuidan.  Si está solo, es mayormente dura su situación.   Por esto Dios, que consuela a los tristes, que da fuerza al cansado, nos asiste cual médico del alma, pero también del cuerpo.   Si está en su propósito y rogamos con fe, la Biblia dice que sanará el enfermo; esto, dado que, en la cruz del calvario, no sólo cargó nuestras culpas y pecados, sino también llevó nuestras dolencias para que seamos sanados y curados.   Bueno es, que el enfermo solicite apoyo a su congregación o contacte hermanos en la fe, para que oren por él.  Y Dios, que es bueno y misericordios, no solo actuará en su cuerpo, sino lo más importante, actuará con salvación para su alma.

Pero también, es menester que cada creyente, se consuele en la voluntad divina, entendiendo que hay enfermedades que nos pueden acompañar hasta la muerte.   Pero si Cristo va con nosotros, él nos ayudará a soportar por medio de su gracia y así guiar como buen pastor nuestra alma, aun más allá de la muerte.

Jesús te llama a conocer esta verdad y gracia sanadora.

Juan Guerrero, su hermano en Cristo.

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"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.  Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados".

(Isaías 53:4-5)

 

"¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados".

(Santiago 5:14-15)

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"Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu".

(Salmo 34:17-18).

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación".

(San Mateo 5:4).

"Porque yo sé los planes que tengo para vosotros'--declara el SEÑOR-- 'planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza"

(Jeremías 29:11)

¿Estás triste y buscas consuelo?

La tristeza, es una emoción y sentimiento doloroso que afecta el ánimo del ser humano.  Todos hemos estado tristes.  La pérdida de un juguete, la mala calificación en los estudios, la pérdida de trabajo, de la salud o de un ser amado, son algunas de las infinitas situaciones que pueden generar tristeza en el alma.   Hay tristezas recientes o de corta data y otras son muy antiguas, generando en ocasiones verdaderas raíces de amargura.   

¿Cómo se supera? Algunas se resuelven al recuperar lo perdido, pero hay pérdidas que son irrecuperables, lo que garantiza una tristeza de mayor extensión y a veces más profunda.   Lo más penoso, es cuando esta tristeza forma parte de un estilo de vida; te levantas y te acuestas triste, a veces incluso, sin saber por qué.   O bien, la causa es clara y habiéndola identificado, no tienes los medios o capacidad humana para resolver.

Independientemente de la solución de las causas, el vivir triste afecta la salud del cuerpo y obviamente el alma.  Además, impactará en tu entorno social y por supuesto en tu familia.  Dios no quiere que estés tristes, por esto ofrece brindar su fortaleza y consuelo; él está interesado en transformar tu tristeza en gozo, ofreciéndote la maravillosa experiencia del nuevo nacimiento, es decir, una nueva oportunidad de vida, que en el evangelio te hará feliz.

Primero, toma la decisión de buscar el verdadero consuelo, luego busca la fortaleza en Dios e inicia un proceso de restauración de la salud del alma, mediante el gozo que solo Dios nos puede dar.​

Jesús te llama a conocer esta verdad y gracia consoladora y restauradora.

Juan Guerrero, su hermano en Cristo.