• Juan Guerrero N.

Aprendiendo a contar nuestros días

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

Salmo 90:12



Desde que nacemos, nuestros cuerpos se desarrollan y avanzan hacia estados de mayor madurez (Infancia, adolescencia y juventud), para luego en edades adultas iniciar una involución progresiva de nuestros cuerpos hasta el día en que debemos morir. Lo cierto es que cada día, en nuestro cuerpo mueren y nacen nuevas células, cada día vemos la vida desarrollarse en nuestro organismo, pero junto a ella también la muerte. Un proceso de degeneración fisiológica y por lo tanto normal, establecido por el creador y que llamamos envejecimiento. Es una declinación orgánica que se hace evidente desde nuestros elementos corporales microscópicos hasta nuestras estructuras macroscópicas cómo órganos, nuestros tejidos, nuestros músculos y en nuestra misma piel. Cada día, envejecemos para avanzar hacia el día en que tendremos que dejar este cuerpo mortal. Un día más o un año más, es a la vez un día menos o un año menos de vida en esta tierra. Esto es parte de lo establecido por nuestro Dios, a causa de la consecuente mortalidad del humano, por causa de su pecado. El mismo Salmo 90, en su verso 9 señala “Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento”.


Nuestra vida como humanos es tan solo una sombra, nuestra estadía en la tierra es corta, en comparación a los años de la creación y es como nada en comparación a nuestro Dios, somos realmente como lo señala el Salmista: “Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti” (Salmo 39:4-7). Es en esta esperanza, que nos gozamos para comprender que, si bien somos peregrinos, no somo errantes sin esperanza, porque sabemos hacia donde vamos. Y por esto necesitamos aprender a contar nuestros días y nuestros años, ya que esto nos ayudará a valorar la vida como una verdadera dádiva del creador.


Estando próximos a dejar el 2020 y pasar a un nuevo año, quisiéramos olvidar y dejar a tras lo malo y avanzar hacia un año mejor, deseándonos prosperidad y felicidad; pero solo Dios sabe lo que nos deparará el nuevo año. Lo importante que debemos considerar, es que nuestro ser interior, a diferencia de nuestros cuerpos, se va renovando cada día en el Señor, “Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Que importante es comprender que, con los años, a diferencia de nuestro cuerpo o ser exterior, nuestro ser interior debe estar en un proceso permanente de renovación. Entonces, mientras nuestros cuerpos se envejecen, a veces enferman e inevitablemente deben morir, nuestro alma, se renueva cada día, se llena de vida ante Dios, esperando el día en que volará al creador.


Es en este contexto de renovación interna, en que el Salmista ruega al creador, para que le enseñe a contar sus días, “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. En este proceso, propio de la vida del creyente en Dios, debemos ir madurando en cristiandad, madurando como fruto de Dios, madurando en nuestra manera de pensar y actuar, de tal forma que en la medida que pasan los días, los años, los tiempos, aprendamos a contar nuestros días. Es un proceso en el cual se combinan la acción de Dios mediante la enseñanza y nuestra acción mediante el aprendizaje. ¿Qué debemos aprender? La oración y súplica del salmista es “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,” es un deseo ferviente para aprender a valorar cada momento, cada día, que ninguno sea un día cualquiera, cada día en Cristo, tiene su valor y esto debe embargarnos de una profunda gratitud hacia él. Aún los momentos difíciles, aquellos de los cuales queremos huir, son valiosos en la vida cristiana, porque permiten muchas veces tener un mayor crecimiento y desarrollo espiritual.


Esta revaloración, esta capacidad de valorar positivamente la cuantía de nuestros días, de nuestros años, de cada momento vivido, será como dice el versículo “…de tal modo”, es decir, “de tal manera” o “de 1tal forma”, 1|que traeremos sabiduría. Al final, todos sacamos cuentas de cómo hemos realizado las cosas, ¿hasta hoy como nos ha resultado la vida?, ¿Cuál ha sido el fruto de nuestros días?, ¿cómo terminaríamos el año 2020 o nuestra vida, si dejáramos de existir hoy? Al sacar cuentas, permita Dios que podamos no traer quejas, decepciones, frustraciones, u otros sentimientos negativos, sino más bien traigamos a nuestros corazones sabiduría. Que cada experiencia vivida, sea exitosa o aparentemente una derrota, siempre sea mirada con la visión de Dios, que permita extraer lo positivo, lo de buen nombre y que mediante cada experiencia se incremente nuestra sabiduría ante Dios y los hombres. Recordemos a aquel pequeño Jesús, que, siendo un jovencito, “...crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (San Lucas 2:52).


Amadas y amados en Cristo, roguemos a Dios para que aprendamos a contar nuestros días y que, al hacerlo, podamos traer al corazón sabiduría del cielo. Nunca olvide que la diferencia entre el conocimiento y la sabiduría es que el conocimiento en muchos solo se limita a ser información y un saber cognitivo, pero la sabiduría es la forma adecuada de aplicar nuestro conocimiento y nuestros saberes en Dios.


Que el Señor nos ayude a dejar el 2020 y recibir el 2021 con gozo cristiano y con la esperanza de que siempre él nos guardará en cada experiencia y momento que nos toque vivir.

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