• Juan Guerrero N.

ARREPENTIMIENTOS SIN PROPÓSITOS: Vanos ante Dios.

Desde Diciembre del año 2019, con la aparición del SARS-CoV-2, Coronavirus que produce la enfermedad COVID-19, el mundo ha sido testigo de la Pandemia de mayor impacto en los últimos 100 años. En este escenario mundial, se han generado distintas versiones respecto a temas asociados que producen curiosidad, temor, ansiedad, desconfianza, sensibilidad hacia lo espiritual, etc. Ha sido de público conocimiento, que incluso en buscadores de internet y en redes sociales, uno de los versículos más buscado, más comentado, más citado incluso por ilustres autoridades seculares y religiosas ha sido Isaías 26:20, "Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación".


El mundo cristiano en general, por distintos medios de comunicación, ha hecho manifiestas sus predicaciones y oraciones rogando protección y perdón, asignando culpabilidad al mundo por la situación global que estamos viviendo. A lo anterior, se suma la cita de otro versículo de alta referencia en los últimos días, en 2 de Crónicas 7:14: "si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra".

Lo hermoso de lo anterior, es que muchas personas y sobre todo la iglesia a nivel mundial, ha centrado su visión actual en la palabra del Señor y en la oración, dejando de lado a todos esos profetas que surgen en tiempos de crisis para profetizar lo que ya pasó. Es necesario considerar con sumo cuidado el citar supuestos mensajes divinos, que anticipan mal en forma ambigua, dando por cumplido lo señalado. En tiempos de los profetas, las profecías eran claras y precisas; pero este es un tema que no corresponde ahora profundizar.

Los dos versículos citados son muy distintos. El primero, se relaciona con la confianza respecto a la protección de Dios. El segundo, es un llamado al pueblo de Dios y no al mundo, a fin de que se humille, busque a Dios y se convierta de sus malos caminos.

Por tanto, la iglesia no puede acusar de pecados al mundo, sin hacerse responsable de sus propios pecados, de su propia actitud frente a las exigencias divinas y a la manera de vida cristiana adoptada en el último siglo.

Si realmente el lector considera que cómo iglesia debemos obedecer al llamado de Dios en esta Pandemia, le sugiero siga leyendo los próximos párrafos. Si piensa que la iglesia no tiene responsabilidades que asumir frente a esta situación, le sugiero busque una página que le entretenga con otros mensajes de bendición. Aquí vamos a hablar la verdad de Dios.

Orar con acto de humillación:

Orar por orar, sin humillación no es el camino al perdón. No es la posición que adoptamos al orar, no es hablar con tono suave, no es caminar lento con manos cruzadas, no es el vestuario ni la apariencia que tengamos al orar lo que manifiesta humillación. Es la disposición de nuestro corazón para humillarse ante el Dios Todopoderoso, tal como hizo el rey David: "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios" (Salmo 51:17). Humillarse es un acto profundo de reconocimiento, de que hemos faltado ante Dios y que nos hemos alejado del verdadero modelo de humildad que el sublime maestro enseñó aquella noche, en que luego de lavar los pies a sus discípulos dijo: "Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (San Juan 13:14-15). No se trata de salir a lavar los pies de todos, sino de considerarnos servidores de los demás. Dios no necesita en su iglesia actitudes empresariales, directivas o gerenciales, Dios busca siervos y siervas que le sirvan con corazón humilde independientemente de sus altas o pequeñas responsabilidades o cargos en una iglesia: "Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido" (2 Timoteo 2:24). No se trata de orar por orar, repetir palabras mientras pensamos en otras cosas, mirando el reloj para cumplir con una cantidad de tiempo comprometido. Se trata de presentarnos ante Él con una permanente acción de humillación o reconocimiento. Los fariseos oraban, oraban, oraban, pero ya todos sabemos, cuál era el pensamiento de Jesús y lo hizo público para avergonzarles frente al pueblo (Le sugiero que lea Mateo 23:27 al 32).

Buscar a Dios:

El segundo llamado de Dios, que se logra tan sólo cuando se hace de todo corazón: "y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jeremías 9:13). Un estado mundial de Pandemia, que incluye una crisis sanitaria con efectos notables en la economía y mercados mundiales, anticipando despidos laborales, empresas en quiebra, altos precios y otros efectos, hacen presumir la gran crisis social que afectará a todos. Esto debe agitar nuestro corazón para buscar a Dios e interceder por nosotros, nuestras familias, nuestro prójimo. Si esto no nos conmueve y no nos hace buscar a Dios con todo nuestro corazón, ¿que nos podría conmover? Somos la luz del mundo, la sal de la tierra, pero si en este momento de necesidad no cumplimos nuestro rol, ¿cómo la tierra será salada? Si no nos sensibilizamos, hasta buscar a Dios de todo corazón, ¿cómo lo harán los demás? Ya lo estamos haciendo en nuestros hogares, con reuniones online, cultos, oraciones, pero hagámoslo con "todo el corazón", demos TODO en esta búsqueda. El reino de Dios requiere nuestro TODO. Recuerde la viuda que dio todo lo que tenía y la parábola del tesoro escondido: "Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo." (Mateo 13:44).

Convertirse de los malos caminos

Parece curioso de que Dios llame a su iglesia a convertirse; más aún cuando dice "de sus malos caminos". Esto es doblemente terrible, al considerar que la iglesia predica acerca de un camino, el camino de salvación que es nuestro Señor Jesucristo. Entonces ¿qué hace siguiendo malos caminos?

Nota: Si lo anterior, le parece complejo de entender, le sugiero no seguir leyendo los próximos párrafos. Si siente suficiente madurez para hacerlo, le invito a que lo haga con la convicción de que necesitamos convertirnos al Señor.

En uno de los párrafos anteriores, me he referido a que la iglesia ha adoptado cierta manera de vida cristiana durante el último siglo. No me refiero a la aceptación de ciencia, tecnología u otros avances que mejoran la calidad de vida de las personas, sino más bien, me refiero a actitudes cristianas frente a la vida. ¿O es que el mundo debe pedir perdón y la iglesia debe tomar una actitud contemplativa? Pues, claramente la iglesia universal, debe entender que lamentablemente hemos afectado nuestra sagrada vocación en varios aspectos:

· La actitud evangelista se ha cambiado por una actitud de diferenciación de roles, donde no todos evangelizan, porque algunos creen que han sido escogidos sólo para alabar a Dios o para servir en el Templo. Alguien dice: ese don no me lo ha dado Dios, olvidándose de la gran comisión encomendada a todo discípulo.

· La actitud de humildad ya comentada en párrafos anteriores, modificada por actitudes de orgullo y presunción que alejan los corazones de la santidad.

· La actitud de intentar mostrar la aprobación de Dios en sus vidas, mostrando prosperidad material, buen vestir, propiedades, buen salario, etc., dejando de lado aquellas cosas que pertenecen a la esfera espiritual.

· La actitud de reemplazar la palabra de Dios, la profecía permanente por experiencias humanas y seudos mensajes proféticos, generando doctrinas no validadas por la palabra de Dios.

· La actitud de aprobar lo malo para no perder favores humanos y asegurar posiciones de privilegio ante personas o autoridades humanas, dejando de alumbrar en medio de las tinieblas.

· La actitud de mezclar lo sagrado de nuestros altares con mensajes de política partidista, mostrando inclinaciones hacia grupos con ideologías humanas, que, aunque parecieran aprobar puntos de la palabra del señor o autoproclamarse cristianos, son hombres naturales que gustan estrechar la mano de cristianos, fotografiarse de rodillas o cantando en medio de congregaciones, pero con corazones alejados de la santidad de Dios. Esto es un grave pecado que cuesta muy caro a cualquier predicador que corrompe su predicación.

· La actitud imprudente y corrompida de sacerdotes o siervos de Dios, que, tras el adulterio, el amor al dinero y lo material, el mal uso de su autoridad, han corrompido las iglesias tratando de justificar sus pecaminosas obras, creyendo que las iglesias no tienen el Espíritu de Dios que revela todas las cosas. Los tales, cuenta darán ante el juez que todo lo ve. Lo terrible no es que puedan perder sus ministerios, lo terrible es que muchos ya los perdieron y no lo saben.

Es difícil seguir enumerando puntos, ya que mi parte humana temerosa me acalla, pero hay en mí otra parte que denuncia estos puntos para que este proceso nos encamine realmente hacia la conversión. Yo lo haré conmigo, haga usted su parte, a fin de que al final de este proceso seamos mejores cristianos, convertidos al camino de la verdad, a Cristo el Señor.

Si su lectura ha llegado hasta aquí, haga que valga la pena en usted, considere con humildad, que el ARREPENTIMIENTO debe tener UN PROPÓSITO. No podemos solo hablar de arrepentimiento, debemos confesar nuestras culpas y cambiar. Sin un propósito de cambio, el arrepentimiento es vano. ¿Se recuerda a la mujer adúltera?, ¿Que le dijo el Señor?, "Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. (San Juan 8:11).

- ¿De qué nos arrepentimos?

- ¿Que cambiaremos en nosotros?

- ¿Cuál es nuestro nuevo propósito?

Por mi parte, con humildad buscaré a Dios, arrepentido de mis malas actitudes rogando que el Espíritu Santo me guíe a la conversión que Dios nos está demandando.

Para Jesucristo, mi Salvador, Señor y Rey, sea toda honra y gloria por la eternidad.





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