• Juan Guerrero N.

¿Arrodillarse frente a una pantalla?

Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Salmo 95:6).

Hace algunos días, un amado hermano y amigo en el Señor me escribió desde mi país. Su mensaje decía: “Hermano Juanito, quisiera pedir su consejo. Como usted sabe, como Iglesia se están transmitiendo los servicios, a través del canal oficial por YouTube. Hermano Juanito y yo me siento incómodo de verlo por este medio. ¿Qué me aconseja que yo pueda hacer? La incomodidad es el tener que arrodillarme delante de una pantalla. Espero su consejo mi hermano Juanito.”


Frente a esto, lo primero es reconocer que es muy natural y esperable que, en medio del caminar cristiano, todos podríamos presentar dudas o pensamientos confusos sobre ciertos temas de contingencia, pero solo Dios los puede ordenar para que logremos ser aprobados en nuestro caminar “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino” (Salmo 37:23). Lo segundo, es reconocer que el único medio con autoridad suficiente para limpiar nuestras dudas y perfeccionar nuestro caminar es siempre la Santa Palabra del Señor, como nos señala el salmista “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9), entendiendo que guardar significa ponerla por obra; de nada sirve saber de la Biblia o de teología como ciencia sin practicar la palabra del Señor.


Respecto a la consulta de nuestro amado hermano, probablemente sea la inquietud, duda e incomodidad que afecta a más de alguno de los oyentes, por el hecho de tener que participar de un culto, tal como señala él, frente a una pantalla. Esto quizás por la satanización, la fama falsamente demoniaca y desmedida que se hizo por décadas en contra de la ciencia, la tecnología y sobre todo de aparatos que contienen pantallas, sin saber que, con los años, de ancianos a niños en nuestras propias congregaciones poseerían pantallas en sus manos. Lo importante es discernir, que hacemos con esas pantallas. En el ámbito secular, es decir en las actividades no religiosas, las pantallas han desarrollado el cine, la televisión con toda la gama de espacios y contenidos, luego los computadores desde los más antiguos a los actuales, tabletas, móviles, relojes, etc. Muchos para usos útiles y honrosos de reconocimiento por el apoyo a la educación, a la telemedicina, el autocuidado, al desarrollo de la ciencia en general y de la comunicación. En medio del confinamiento, no solo favoreciendo la comunicación entre familiares encerrados en sus hogares, sino además permitiendo la despedida de aquellos que en los hospitales pasaron sus últimos momentos de vida.


Pero esto, ¿es bueno o malo ante los ojos de Dios? Debemos recordar, ¿Qué dijo el Señor respecto al origen del pecado en el hombre? Esto era algo no comprendido por escribas y fariseos de Jerusalén, al creer que lo que contaminaba o generaba pecado era no seguir una tradición judía, el lavado de manos (Léalo en San Mateo 15). Ante esto Jesús les señaló “No lo que entra en la boca contamina al hombre; más lo que sale de la boca, esto contamina al hombre” (San Mateo 15:11). Profundizando en esto, el maestro revela en forma exclusiva e íntima a sus discípulos el origen real del pecado, diciendo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (San Mateo 15:19). A la luz de esto, consideremos que probablemente muchos practican pecados frente a sus pantallas, pero el culpable no es la pantalla en sí, como aparato tecnológico o la conexión a internet con sus famosas gigas, sino las concupiscencias que existen en la propia naturaleza perversa y pecaminosa del corazón del ser humano, desde el cual se fecunda, cultiva y se termina practicando el pecado para dar a luz la maldad, como señala claramente el Apóstol Santiago, sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15). Por tanto, no temamos de usar la tecnología que Dios ha dejado a nuestra disposición, a fin de que, en estos tiempos, mientras están nuestros templos físicos vacíos, en los hogares nuestros corazones, son los verdaderos templos que requieren día a día seguir siendo edificados por la palabra del Señor. Que la tecnología esté al servicio nuestro y no nosotros al servicio de la tecnología; en otras palabras, que no tenga dominio sobre nosotros.


Mi respuesta a mi joven hermano y amigo, se centró en señalar que para nosotros cada culto debe ser un acto de fe en que adoremos en espíritu y verdad. Más allá de adorar o servir a Dios en un lugar determinado, recordemos que Dios está en todo lugar y es ante él a quién doblamos nuestras rodillas. La fe nos permite visualizar con los ojos del alma que en cada culto Dios está en nuestro hogar, esperando nuestra reverente adoración. El éxodo capítulo 3 muestra que Moisés al ver la zarza ardiendo y al oír la voz de Dios, sacó sus sandalias y cubrió su rostro, pero no por la zarza, sino porque tuvo miedo de mirar a Dios. Él entendió que su temor reverente no era ante un vegetal plantado en el monte Horeb, sino en Dios que estaba en ese lugar. Al participar de un culto online, no nos arrodillamos ante una pantalla, ni ante internet; la Iglesia lo hace reverentemente ante su amado creador, presente en espíritu, tal como señala el verso de meditación Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Salmo 95:6).


Amado hermano, cada día al participar de un culto online, respondamos adecuadamente a la cita de Dios. Dios siempre está en nuestros hogares conforme a su promesa “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). No importa el medio, el equipo, la pantalla, la resolución de esta, ni ninguna otra cosa técnica: lo que tiene relevancia es nuestro servicio y ofrenda que damos a Dios en cada culto. Que no nos suceda lo de los cambistas y comerciantes del templo que fueron reprendidos por Jesús por haber transformado la adoración en una simple costumbre o tradición, transformando lo sagrado en algo común. Que no nos suceda lo de Israel que demandaba señales sobrenaturales para creer y Jesús les señaló: “La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (San Mateo 12:42).


La Iglesia primitiva y apostólica ha sido recordada por generar evidencias escritas y testimoniales de los fundamentos doctrinales del evangelio (Evangelios, Los Hechos, Cartas Apostólicas y Apocalipsis), siendo reconocida como una iglesia que se daba por completo por Dios, dispuesta incluso a morir como mártires si fuera necesario. La iglesia medieval, con sus históricas aberraciones, es reconocida por dar lugar a la gran reforma que dio lugar al movimiento protestante. ¿cómo será recordada la iglesia del 2020?

La actual iglesia cristiana, si Cristo no viene antes por ella, probablemente será recordada como la Iglesia online, la cual aprendió a valorar aún en el espacio virtual, el dar relevancia a la devoción, a la alabanza, a la adoración y a la alimentación del alma por medio de la Palabra del Señor. Esto en un contexto, en que las pantallas, son sólo un medio audiovisual para participar de una nueva forma de servir a Dios. Esto recuerda las palabras del Señor dichas a la misma Samaritana, “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (San Juan 4:23 y 24).


Procuremos en lo posible:

- consagrar nuestro tiempo con puntualidad y sin desconectarnos antes de recibir la bendición final,

- que el lugar de nuestro hogar nos brinde tranquilidad para participar sin interrupciones,

-que podamos priorizar nuestra participación por sobre todo compromiso,

- que brindemos la mayor devoción, reverencia y atención posible,

- que seamos partícipes con nuestro clamor para que Dios utilice al predicador de turno y para que nuestro Dios siga construyendo su iglesia, siga haciendo milagros y derramando su aprobación a nuestro camino y sobre nuestra ofrenda a él.

Recuerde, él está en cada culto, e incluso cuando nos disponemos a oír una meditación diaria enviada a nuestros celulares. Consideremos que tras de cada uno de estos trabajos, amados pastores y hermanos consagran tiempo de oración, lectura y estudio de la palabra del Señor.


Usted ¿se arrodilla confiadamente ante Dios o mira la pantalla como un obstáculo?

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