• Juan Guerrero N.

¿Cómo avergonzarnos de un evangelio de poder?

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego” Romanos 1:16.



Imagine que tuviéramos que correr ante todo el mundo, una carrera automovilística ante corredores profesionalescon vehículos de última generación y nos tocara cerlo conduciendo un coche o automóvil antiguo, viejo, destartalado, con pintura desgastada; ¿Cómo nos sentiríamos?, quizás decidiéramos no correr y seríamos invadidos de una profunda vergüenza. La vergüenza es un sentimiento humano, que perturba el estado de ánimo y es producida por variadas razones, entre estas: reconocer una falta deshonrosa o humillante cometida, o por timidez que generalmente supone un freno para actuar o expresarse. Todos alguna vez hemos sentido vergüenza y sabemos que han sido quizás experiencias no gratas de recordar. Respecto a la visión Bíblica, la vergüenza se muestra de diferentes formas, asociándose la mayoría de las veces a, vergüenza como un estado de castigo, oprobio y humillación a los que hacen mal; esto sobre todo en el libro de los Salmos (6:10, 35:4, 40:14, 70:2, entre otros), Jeremías (22:22, 51:51) e Isaías (1:29, 45:16).


Si recordamos a la primera pareja del Edén, ambos estaban desnudos sin sentir pesar, temor o vergüenza; pero al desobedecer a Dios, inmediatamente aparece la vergüenza y necesitan cubrir su desnudes. Pero a nosotros, Dios nos ha dado como cristianos la bendición de renunciar a cualquier obra, actitud, pensamiento o cosa que nos haga sentirnos avergonzados ante Dios, “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios” (2 Corintios 4:2).


No obstante, el verso de meditación no se centra en un eventual sentimiento humano del Apóstol, como producto de alguna obra injusta, pecaminosa u opuesta a la voluntad divina, sino más bien, al evangelio. El señala claramente, “Porque no me avergüenzo del evangelio…” ¿Qué es el evangelio?, son las gratas nuevas o buenas noticias, de salvación para el mundo. Es el mensaje de salvación o libertad por gracia, anunciado por profetas, por los ángeles que cantaban en las vigilias de la noche en Belén y que fue anunciado por nuestro Señor Jesucristo y luego por sus apóstoles y discípulos mediante la predicación.


Pablo se dirige a los Romanos, ciudadanos acostumbrados a grandes templos dedicados al culto de dioses paganos, templos que, junto a los griegos de la época, son hasta hoy considerados maravillas del mundo antiguo. Pero el apóstol Pablo, no les muestra ni promueve un templo religioso para el culto, no les envía una imagen que simulara ser un dios, sino más bien, pretende presentarles el mensaje más maravilloso que humano puede recibir, el evangelio de salvación. Un evangelio, que procede de Dios y cuya naturaleza es mucho más que letra, palabras o frases, e incluso más que una nueva o novedosa doctrina. Pablo presenta la naturaleza misma y sustancial del evangelio diciendo, “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios…”. Bajo esta presentación del evangelio, Pablo ostenta en Dios, poseer el mensaje más grande de la historia, cuya buena nueva, se centra en el poder de Dios. El mismo poder de Dios creador del Génesis, el poder que se expresa en el llamamiento de Abraham y la constitución del pueblo escogido y de su rescate prodigioso y milagroso por las señales hechas por Moisés, ahora se manifiesta a todo el mundo; un evangelio que es poder de Dios. Y de él Pablo, no se avergüenza, no se siente pequeño ni poca cosa, más bien lo engrandece diciendo que es poder de Dios.


Por esto hoy, los cristianos no podemos predicar otra cosa, que no sea este mismo evangelio; el evangelio que predicaba Pablo, aún entendiendo que para quienes se oponen a la fe, el evangelio no les es de bendición, sino locura “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Note, el énfasis de señalar el poder de Dios. Por tanto, el evangelio no es sinónimo de una religión, sino un mensaje de Dios cuya naturaleza es poder. Por esto, el evangelio, es un poder transformador que nos conmueve, nos cambia la manera de creer, de pensar y de actuar, el evangelio es para nosotros la palabra de Dios que nos anuncia salvación y vida eterna y oírla, cultiva nuestra fe, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).


¿Qué es el evangelio para usted? Muchas veces los cristianos se sienten empequeñecidos al reconocer su origen doctrinal y religioso. En algunos países, decir que somos evangélicos, genera temor a la discriminación o al rechazo. Actualmente esto trasciende a todas las religiones, ya que la incredulidad del mundo, el desarrollo del ateísmo y sus filosofías, amenazan la estabilidad emocional de muchos cristianos, que, por temor o vergüenza, omiten decir que son cristianos y predicar es casi una utopía, ya que lo consideran difícil de realizar. Pero Pablo, no tenía temor “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Los Hechos 20:24).


Por último, si tuviéramos que correr ante el mundo una carrera automovilística y nos tocara el mejor de vehículo, el más moderno y tecnológico, ¿Cómo se sentiría?, más aún al considerar que el conductor de nuestras vidas es Dios, jamás se avergüence del glorioso evangelio. Jamás se sienta pequeño, por ser cristiano. En el mundo hay muchos poderes, pero ninguno sobrepasa el poder del evangelio y este poder es para usted “…para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego”.

El Señor nos bendiga.