• Juan Guerrero N.

Caminando con Dios.

Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.

Génesis 5:24.


Hace unos días me correspondió hacer un devocional, que me impactó mucho; el Señor me inspiró a hablar sobre Simón de Cirene, quién fue obligado a llevar la cruz del Señor. Esa experiencia que tuvo que ser inolvidable, hizo a este hombre caminar con Jesús hacia el calvario, acompañándole en este difícil y cruel momento de su vida. Caminar con Dios siempre será una experiencia de sublime honra y bendición.


El quinto capítulo de Génesis se encarga de presentar los descendientes de Adán, sus nombres y la portentosa cantidad de años que vivían. La mayoría de estos primeros padres de la raza humana, vivieron sobre los 900 años, entre los que destaca Matusalén quién vivió más que todos, 969 años. Pero luego de que el escritor señala la cantidad de años que vivió cada uno de ellos, siempre termina la frase diciendo “y murió”. Esto claramente es una declaración de las limitaciones humanas por extender sus vidas más allá de lo posible y además realza el efecto mismo de la pena del pecado que es la muerte. Pero llama la atención que entre estos varones, aparece precisamente quién fue el padre de Matusalén, Enoc. Este a diferencia de todos, no llega a los 900 años, sino solo llega a 365 años y luego desaparece. Las escrituras, le mencionan a él junto a Elías como los dos únicos seres humanos que no han visto muerte.


¿Pero qué pasó realmente con Enoc? A diferencia de los demás, de quienes no tenemos muchos antecedentes o narraciones, de Enoc no solo se dice que su padre fue Jared y su hijo fue el más longevo y centenario, sino además se agrega un llamativo comentario por parte del creador e inspirador de las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo. En versos anteriores al verso de nuestra meditación dice: “Y caminó Enoc con Dios”. Esto lo repite y enfatiza nuestro verso central al decir: “Caminó, pues, Enoc con Dios”. Sin duda, esta breve descripción, nos llama a comprender más profundamente la vida de Enoc.


Enoc vivió en un tiempo sin ley, sin normativas humanas, sociales, ni religiosas. La maldad se había multiplicado abundantemente sobe la tierra, los hombres tienden a desterrar de sus mentes la posibilidad de un creador y simplemente estructuran prácticas paganas e idólatras, cumpliéndose lo dicho por Pablo en Romanos 1:21 y 25 “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”, “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”. Fue una generación que seguía escuchando a la serpiente antigua que los hacía revelarse contra Dios. El mismo Lamec, quién fue padre de Noe llega a decir de su hijo “Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo”, lo que muestra que había plena conciencia de la existencia de Dios y de la existencia de una maldición por lo ocurrido en Edén. Tan decadente fue esta generación que en el capítulo 6, se observa que la maldad era mucha y el pensamiento de los hombres era de continuo el mal; tanto que la narración sagrada señala: “Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” Génesis 6:12.


Este verso citado, permite comprender la mirada divina; la conclusión y el diagnóstico era claro “toda carne había corrompido su camino”. El camino representa la vida misma, sus decisiones y prácticas u obras del día a día.


Pero es en esta generación, en medio de esta sociedad transgresora, en que Dios observa a un hombre diferente. Para nosotros quizás un personaje bíblico del cual poco se habla, pero para Dios un gran compañero. Un compañero de vida, “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”. Caminar con Dios, le tuvo que haber significado a Enoc la mayor bendición envida. Una vida en donde sus decisiones, sus practica y obras diarias, alcanzaron tal nivel de comunión con el creador, que logra por la voluntad divina, ser librado de la misma muerte. Él único de su generación librado de la pena mortal del pecado, lo que de alguna forma nos hace comprender que era un compañero de alta estima para Dios que no lo expone al sepulcro; de la misma forma en que vemos a Jesús llorar ante la muerte de Lázaro, su amigo. Dios responde al interés de Enoc, su caminar habla de la relación con un Dios que ama al pecador y que desea responder con bendición a quién le busca. Nadie supo más de Enoc, por simplemente desapareció de la escena terrestre, para volar a la presencia de su amado creador. ¡que hermoso es ser amigo de Dios!


Amado hermano y hermana, en medio de la actual generación del siglo XXI, Dios el creador busca adoradores que adoren en Espíritu y en verdad, que sean sinceros de corazón, sin engaño, sin hipocresías humanas, sin pecados ocultos. Dios requiere de hombre y mujeres integras que caminen con él día a día, con una relación sincera, abierta, con compromisos claros. ¿Cómo es nuestro andar? ¿caminamos diariamente junto a Dios? ¿Nuestro camino, es el que Dios nos ha trazado? “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia” (Romanos 13:12-13).


Verdaderamente la noche está muy avanzada, las tinieblas cubren la vida de la raza humana y el pecado se ha multiplicado notoriamente que gobierna las mentes y los actos humanos. Pero la Iglesia de Dios, caminando en medio de tanta adversidad, pone su mirada con esperanza en la promesa de que un día desapareceremos de la faz terrenal, para volar hasta su Santa Presencia.


A diferencia de Enoc, quién en su soledad aprendió a elegir el mejor compañero de vida y la mejor amistad que se puede hallar, hoy nosotros podemos apoyarnos los unos a los otros, para que nuestro andar sea conforme a la voluntad divina. Dios nos invita a vivir una vida de comunión profunda con él, en todo orden de nuestra vida, nuestras decisiones, nuestros planes, nuestros proyectos. Si no consideramos a Dios en ellos, pues entonces, no estamos caminando con Dios.


Hoy muchos queremos seguir a Cristo, caminar con Dios como Enoc o como lo hizo Simón de Cirene, entendiendo que Caminar con Dios siempre será una experiencia de sublime honra y bendición.

¡¡¡Dios nos bendiga!!!

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