• Juan Guerrero N.

Es CUAL amor nos ha dado el Padre.

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios..." (1 de Juan 3:1).




En unas de las reflexiones breves me he referido a este tema, pero en esta ocasión lo ampliamos, para compartirlo en una meditación con la iglesia en España.


Hace algunos días nuestro Dios me inspiró a meditar sobre el nivel en que debíamos amar a nuestro prójimo, inspirándonos en San Juan 15:12, "Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado”, resonando esta última frase "...como yo os he amado". En la oportunidad veíamos como el mandamiento es amar a Dios, luego amar al prójimo como a nosotros mismos, pero finalmente se nos presentaba un nivel más elevado de amor; amar como Cristo nos ha amado.


Frente a esto, hoy nos preguntamos, ¿cómo nos ha amado Dios?, ¿Cómo nos ama Cristo?, ¿Alguien podría decirnos como describir su amor? La tendencia natural humana, más que describir, es cuantificar las cosas diciendo, por ejemplo, el esposo a la esposa, la madre a algún hijo o viceversa "Te amo mucho"; expresión humana que brindamos para decir cuanto amamos. Pero ¿Dios deseará que comprendamos su amor en forma cuantificada?, ¿Que nos conformemos con saber y decir que Dios nos ama mucho?

El versículo que clásicamente leemos para describir de alguna manera el amor de Dios es San Juan 3:16 "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna", versículo en el cual la palabra o adjetivo "tal, actúa magnificando, brindando magnitud y énfasis intensificador sobre lo que se refiere, en este caso el amor de Dios; porque de tal manera, de tal forma amo Dios al mundo. La continuidad del versículo revela ese grado de magnitud de su amor, diciendonos "ha dado a su hijo unigénito".

Cuando en 1 de Juan 4, el apóstol nos señala que Dios es amor, revela que, en su naturaleza Divina, no es que predomine el amor por sobre otros de sus atributos, sino más bien su naturaleza divina es amor en sí misma. Ya en el antiguo testamento, lo reveló al mismo Moisés y luego leemos en el Salmo 103:8, "Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia". Se revela como un Dios grande en misericordia y esto es porque primero se le revela o muestra como misericordioso; si no fuera misericordioso, no habría manifestación de grandes misericordias. De la misma manera, no es que sólo exista el amor de Dios, sino más bien existe nuestro Dios cuya naturaleza es amor y por esto, su amor es manifestado al mundo. Una fuente de agua contiene agua, pero la fuente en si misma no es de agua; en cambio Dios, es la fuente eterna de amor, porque él mismo es amor.

Entonces entendiendo que su manifestación de amor es gracias a su naturaleza ¿en qué consiste este su amor? 1 de Juan 4:10 señala "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados", él nos amó a nosotros; ¿desde cuándo? desde antes que lo supiéramos, antes que nos diéramos cuenta que nos llamaba, mientras él recibía nuestro desprecio o rechazo, él nos brindaba su amor y a su hijo unigénito para salvarnos de nuestra culpabilidad pecaminosa. Por esto señala, "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros..."(San Juan 15:16).

Volvamos al principio, ¿Podemos medir o cuantificar el amor de Dios, tal como medimos nuestras expresiones de amor humano?, las versiones de 1909 y 1960 de la Biblia Reina Valera, conserva la manifestación cualitativa y no cuantitativa del amor de Dios. No nos dice cuanto nos ama, sino más bien, es un llamado a considerar su cualidad, su descripción infinita, compleja, eterna, sublime y soberana, que mente humana no podría describir, pero el Espíritu Santo por medio de las palabras de Juan el apóstol nos revela en forma clara y precisa, diciendo, "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios..." (1 de Juan 3:1). Esta invitación a mirad cual, amor y no cuanto amor, es un llamado que nos conmueve profundamente. No de cuanto, sino ¿De cuál amor estamos hablando?

Ciertamente un amor, perfecto del cual su amada, la iglesia y todo hijo de Dios, no puede ser separado o desvinculado, "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Los Romanos 8:38-39). Nada nos podrá separar del amor de Dios y esto se ha demostrado, tal como ya hemos visto por medio de la persona maravillosa de nuestro Salvador y Señor Jesucristo. El amor de Dios se manifiesta cualitativamente, en forma magnificada, relevante, sublime por medio de la entrega de su hijo, para hacerle nuestro Salvador, nuestro Señor y Rey. Y todo por gracia divina de Dios, aún que yo y usted no fuéramos, ni seamos merecedores, no contemos con méritos para ser alcanzados por su amor, más aún considerando nuestra naturaleza pecaminosa. Mereciendo tres tipos de muerte, muerte física, muerte espiritual y muerte eterna, él por medio de su amor a través de su hijo amado nos ha dado vida, "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros"(Los Romanos 5:8), y ¿Cual es el producto de esto?, ahora "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19).

Dios no solo quiere que sepamos que su amor por nosotros es grande, sino también que conozcamos cual amor nos tiene. Más allá de la cantidad, quiere que reconozcamos su tipo de amor, de qué manera nos ha amado desde el principio, sin mirar nuestras culpas, nuestras transgresiones, condiciones humanas, incluso ni siquiera nuestro propio rechazo, simplemente, nos amó tal como somos para hacernos ahora sus hijos. ¿Quién ama tanto como para brindar más que un sentimiento, una clara manifestación de paternidad? ¿Quién ama al punto de hacer a otro su propio hijo para transformarlo en un legítimo heredero del reino? Solo un Dios, cuya naturaleza divina es amor. Mirad cual, amor nos ha dado el padre, se resume en la persona de nuestro Señor Jesucristo.


Esto es algo mucho más supremo que el amor del padre por el hijo pródigo, o el amor del pastor por su oveja perdida, es el amor de un Dios Santo, que amó incluso a quienes no eran su pueblo para hacernos llamar sus hijos, un amor que hizo que Cristo, el ejemplo de un verdadero cordero, se entregara a si mismo por usted y yo.

Por último, la gran manifestación de la dispensación de la gracia, es decir, el tiempo que nos ha tocado vivir después de la muerte y resurrección del Señor, no es solo el amor de Dios el Padre entregando a su amado hijo, sino se complementa con la revelación del amor de su hijo, el Salvador, el Cristo, quién la Biblia señala que no solo estaba predestinado como cordero desde antes de la fundación del mundo, sino también él se entregó a sí mismo. Este amor de Cristo, revelado al creyente cristiano, lo arraiga, lo cimenta para conocer la amplitud del amor que le rodeará cada día. Esto es difícil de comprender por medio del conocimiento humano, pero direcciona al cristiano hacia la llenura o plenitud de Dios, es decir, vivir la vida del espíritu, "para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios".(Efesios 3:17-19).

Por esto terminamos diciendo que el mirad cual amor nos ha dado el padre, no se relaciona al paradigma humano de la cantidad de amor, sino más bien se refleja en vida íntegra de la persona de Jesucristo, una entrega total, perfecta, suprema y santa por quienes no le conocían ni le amaban, con el único fin de hacernos sus hijos y darnos vida eterna.


El Señor les bendiga.





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