• Juan Guerrero N.

Doble propósito de la tribulación

“el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2 Corintios 1:2



La tribulación es cualquier situación adversa y desfavorable que genera un estado de dolor interno, con sentimientos de angustia, tristeza y aflicción. No es una pena cualquiera, sino algo que tiene la capacidad de inclinar el alma hacia el desfallecimiento. Y, por cierto, aunque el mismo apóstol Pablo señala “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18), es lógico comprender que, para nuestra alma, toda tribulación genere efectos que atentan contra nuestra integridad cristiana. El adversario, aprovecha la adversidad, el viento en contra del alma, para generar tribulación, tal como lo hizo con Job; el mundo con todos sus afanes provoca tensión emocional en nuestra vida cristiana, por esto el Señor dijo “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (San Juan 16:33) y nosotros mismos, responderemos a la adversidad de diferentes maneras, según nuestro grado de madurez y fortaleza espiritual. El problema es que la tribulación deja heridas en el alma, que necesitan ser sanadas.


Por esto, es que algo muy fundamental de entender, es que la tribulación posee en la iglesia un doble propósito de unidad y edificación para ser sanados unos con otros. Primero entendiendo que nuestro Padre celestial, como señala Pablo, “…es Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. Esto muestra que, en medio de nuestra tribulación, Dios se conmueve, sufre y expresará sus misericordias. Las sagradas escrituras, presentan a nuestro Dios como grande en misericordias y el mismo Salmista decía “El que te corona de favores y misericordias” (Salmo 103:4). Sus misericordias, son la primera manifestación de su amor y acción hacia nuestra tribulación, ya que no solo se compadece de nuestro proceso, sino también actúa. ¿cómo lo actúa? Lógicamente mediante muchas manifestaciones, respondiendo oraciones conforme a sus propósitos divinos, brindándonos bienes temporales según nuestra necesidad (trabajo, educación, salud, familia y otros), pero también, sanando nuestra alma de las heridas que genera un proceso de tribulación. Esa sanidad divina, es producto de lo que el apóstol nos señala,el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones”.


La consolación, es un trabajo divino, que puede proceder solamente de un Dios misericordioso y benigno, como nuestro Padre celestial, “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones”. Sin acepción, Pablo usa el concepto “todas” aludiendo a la capacidad omnipotente, es decir, del todo poder que tiene nuestro Dios frente a todo tipo de tribulación. Esto es necesario reiterarlo, él tiene todo poder sobre todo tipo de tribulación; familiar, laboral, económica, de salud. ¿cuál es su tribulación, su adversidad, su aflicción? Sobre todo, Dios tiene consuelo y sanidad a las heridas que se generan en el alma.


El doble propósito de la tribulación, no se expresa solo en que nosotros al sufrir aprendamos de que Dios, es Padre de misericordias y consolador, sino también que nosotros tenemos un rol que cumplir en la iglesia. Esto es, como señala el versículo de meditación, “…para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”. En otras palabras, no existo solo yo, no soy el único que sufre, que llora, que se desanima. También mis hermanas y hermanos sufren tribulaciones, pero Dios nos pide que no le dejemos solo a él el trabajo de consolar. Dios hará en nuestros hermanos que sufren lo que ha hecho en nosotros, sanando sus heridas mediante su propia consolación paternal y divina. Pero yo y usted, tenemos la misión de ser colaboradores de Dios, ser portadores de consolación a los que sufren el duelo, la pérdida de un ser amado, de los que están padeciendo por la crisis y no solo con bienes o ayudas temporales (dinero o comida), sino con palabras de edificación, “…para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.


Por esto, comprendamos el doble propósito de la tribulación. Debemos ser atribulados, para conocer mejor a nuestro Dios y recibir de él sus misericordias, consolación, es decir, sanidad divina del alma frente al sufrimiento; pero además debemos ser portadores de consolación para los que sufren en medio de la iglesia de Dios y de todos a quienes podamos llegar con el mensaje del evangelio de paz.


Que el Señor nos ayude en medio de la tribulación y cada uno de nosotros seamos de bendición y fortaleza para otros.



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