• Juan Guerrero N.

El Mayor castigo

¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Hebreos 10:29.


Sería imposible creer que Dios siempre nos quiere hablar de promesas y bendiciones; esto dado que la Palabra de Dios nos muestra que muchas veces no solo tuvo que encaminar o corregir al alma extraviada, sino también castigar el pecado deliberado; la expulsión del hombre desde el huerto del Edén, el diluvio, Sodoma y Gomorra, son solo algunos ejemplos de esto. Pero las heridas mortales del pecado pueden ser curadas con la medicina divina que ha dejado nuestro Dios, “y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado “(1 de Juan 1:7). Ciertamente, Jesucristo fue el cordero inmolado, sacrificado por nosotros, para que por su sangre fuéramos limpios de nuestras culpas y por su gracia seamos llamados hijos de Dios. Su gracia salvadora, es la manifestación absoluta y total de su benigno amor para con el mundo, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (San Juan 3:16). Pero frente a tanto amor, ¿cómo es que el hombre se podría perder? ¿Cómo es que podría llegar al temido infierno a sufrir eterna condenación?


Hoy quiero dedicar mis palabras a todos nuestros amados oyentes, que, quizás siendo parte de una familia cristiana o conocidos de nuestros hermanos, hasta hoy no han recibido a Jesucristo como Salvador; quienes probablemente frecuentaban nuestros templos y cultos, por tradición, por amistad o compromiso, sin buscar profundizar su relación con Dios. O quizás algún amado que, sin darse cuenta, ha descuidado su relación con el Padre, dando lugar a la tentación y dejando el camino, ha vuelto su mirada atrás, rechazando todo lo que se relaciona a la vida cristiana. También dedicado a quién podría pensar que la Salvación no se pierde. Pero: ¿Por qué el hombre rechaza a Dios?


Las razones de esto podrían ser muchísimas, ser válidas y muy fundamentadas, por ejemplo, temor a comprometerse con una iglesia, evitar obligaciones religiosas o simplemente postergar al creador, pensando quizás: “para un tiempo futuro podría ser; qué más da, si Dios es amor, no hay duda de que siempre estará dispuesto a recibirme, si es que lo necesito”. Lo relevante es que tras de cada una de estas razones, se podrían estar escondiendo necesidades espirituales del alma que probablemente han sido imperceptibles para su mente y razonamiento humano. Esto que puede ser una realidad aceptada o negada, da lo mismo, es algo que no debería preocupar al oyente, sino más bien, ocuparlo y movilizarlo a una situación de profunda reflexión y autoanálisis.


La biblia no solo está llena de promesas y maravillas, sino también de advertencias para nosotros los pobres humanos, que a veces olvidamos que somos vidas pasajeras y frágiles, de corta duración, como la hierba del campo, que luego de ser marchita se muere. ¿Y que será del alma, que olvidó o postergó al Dios de toda gracia? Todo pecado tiene perdón, pero blasfemar y afrentar el Espíritu, pasar por alto a Jesucristo, rechazar la gracia salvadora no tiene perdón en esta vida, ni mucho menos en la venidera, aunque el gusano del alma clamare con desgarros, dolores y llantos, desde el lugar oscuro de la perdición, donde las escrituras anticipan que “…será el lloro y el crujir de dientes” (San Mateo 22:13).


Amado oyente, con humildad debemos reconocer que la vida no nos pertenece. ¿Cuántos mensajes o invitaciones más necesitaría recibir, para convencerse de que Dios por su gracia y amor le quiere perdonar y salvar? Si Dios que es amor, no tuvo conflictos en castigar la maldad desenfrenada de pueblos antiguos, aún antes que existiera su ley, ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?


Si alguno, frente a esta palabra necesita volverse a Dios, hágalo ahora ya. Hoy es el tiempo y no mañana. Recuerde que, ¡Mientras haya vida en el cuerpo, siempre habrá oportunidad de vida para el alma! Dios nos ama y por eso nos habla a tiempo, para que cuidemos lo que hemos recibido; si ha habido descuido del alma, restauremos nuestra vida espiritual y claramente si aún no ha recibido a Cristo, hoy lo reciba en su corazón.


Que Dios nos ayude a ser librarnos de cualquier error que nos arrastre hacia el mayor de los castigos.