• Juan Guerrero N.

En el día de la adversidad.

"En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él."

Eclesiastés 7:14.



Cuando era niño, recuerdo haber leído con mucho interés y asombro el libro de Job, donde se nos narra la sorprendente historia de un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, que fue dolorosamente probado por Dios, vilmente atacado por el diablo e injustamente criticado por los seres humanos. Fue un hombre que anduvo en perfección, rectitud, temor y bien, no porque al escritor se le haya ocurrido dar tal testimonio, sino porque este testimonio procede de las palabras de nuestro mismo Dios. Él reconoce el carácter de Job al preguntar a Satanás “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). Frente a esto, las escrituras señalan la respuesta del enemigo del alma, quién trata de argumentar que la hermosura y riqueza espiritual de Job, no era de balde, en otras palabras, no eran una casualidad, sino que era en respuesta a las bendiciones que Dios le había dado. Atención en esto, Satanás si había considerado a Job, lo conocía, ya que sin duda lo había observado y estudiado atentamente. Al leer esta historia, con sus 42 capítulos, una de las grandes enseñanzas que recogemos es que de Dios no solo podemos recibir el bien, sino también el mal; este último es permitido para que seamos probados como el oro mismo en el crisol.


Por esto, el escritor de Eclesiastés nos recuerda mediante el versículo de meditación, “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.”. Ciertamente Dios hizo tanto lo uno como lo otro, permitiendo la manifestación de días buenos, positivos, de alegría y agrado para el alma, pero también días malos, negativos, de tristezas y desagrado. El ánimo y el desánimo, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, la ansiedad y la quietud, todo es permitido consciente e intencionadamente por la mente santa, sublime, sabia y soberana de Dios. Llama la atención en la historia de Job que, habiendo este sufrido sus primeros y tristes embates de la prueba, teniendo a Dios que fue incitado por el diablo para arruinarle, al sufrir ataques satánicos mediante su propia esposa que le exhorta a maldecir a Dios y luego morir, Job manteniendo su integridad ante el supremo creador y dueño de su alma, responde diciendo “… ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10). Job sumido en el dolor de haber perdido a sus hijos, sus bienes, su ganado y su salud, está padeciendo el profundo dolor del duelo y la enfermedad, pero no se resta en comprender que Dios hizo tanto lo uno como lo otro.


Todo cristiano debe aprender que Dios también nos envía días malos. El versículo de meditación los llama día de adversidad. El día de adversidad puede ser cualquier día en que todo parece ser más difícil, todo es más complejo, nos sentimos con mayor pesar, visitados a veces por la ansiedad y la angustia. Las causas de todo esto, podrían ser la incertidumbre frente a los días malos que estamos viviendo, la falta de trabajo y sustento económico seguro, los malos resultados en algún negocio, emprendimiento, en los estudios, en la vida familiar o en cualquier situación laboral o de la vida cotidiana. Pero el llamado, es a que en el día de adversidad podamos actuar conforme a la recomendación Bíblica, “y en el día de la adversidad considera”. Note usted que se usa precisamente el mismo verbo que utilizó Dios al preguntar por Job a Satanás, cuando le dijo “¿No has considerado a mi siervo Job?”

El verbo considerar, significa reflexionar, meditar o pensar detenidamente, juzgar o tener un juicio sobre una persona, una cosa o una situación. La acción de considerar también hace alusión a pensar en algo, analizándolo con atención y examinarlo atentamente. Cuando se nos dice, que “y en el día de la adversidad considera”, se nos dice que, en el día de la prueba, de las dificultades, en el día malo, debemos tener una actitud reflexiva hacia lo que nos sucede, meditar sobre cómo debemos enfrentar la situación como hizo Job, sin perder nuestra integridad cristiana ante Dios y nuestro prójimo. Este meditar, debe ser analizándonos atentamente, autoexaminándonos, entendiendo que Dios también nos está examinando, como señala el salmista, “Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23 y 24).


De acuerdo con lo anterior, notemos que Dios nos llama a tener una actitud determinante frente a la adversidad “y en el día de la adversidad considera”. Ahora bien, lógicamente es natural, humanamente comprensible que debamos inquietarnos, angustiarnos y preocuparnos en medio de un día difícil, situación compleja o de un tiempo de prueba. Nadie podría anular nuestra humana respuesta ante la aflicción, pero debemos cada día ejercitarnos para desarrollar producto de la oración, la alabanza permanente, la meditación en las Sagradas Escrituras, la actitud que Cristo desea de nosotros. Muchas veces hemos pedido ser mejores cristianos y la adversidad es una oportunidad para avanzar en nuestro desarrollo espiritual. El mismo apóstol Santiago nos enseña algo que pareciera ser contradictorio, frente a nuestro humano razonamiento, nos confronta al señalar “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2) y Pedro claramente enfatiza diciendo “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” (1 Pedro 1:6). Ambos apóstoles, usaron la frase “diversas pruebas”.


Por último, frente a lo señalado, ¿Cómo nos hemos desempeñado durante este periodo de adversidad? ¿Nos hemos dado tiempo para considerar? ¿Hemos meditado, reflexionado, analizado detenidamente nuestro proceder, nuestras actitudes, nuestra integridad ante Dios? Recordemos que, mediante la actual Pandemia, hemos sido recordados por parte de Dios, que nuestra vida no nos pertenece y que no somos nuestros. Dios nos prueba para ser mejores y cuando nos da bellos días, días de bien, pues no debemos olvidar que tras ellos podrán siempre aparecer los días de la adversidad. Por eso, “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”.

¡¡¡Dios nos bendiga!!!

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