• Juan Guerrero N.

Fortaleceos en el Señor

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”

Efesios 6:10



Según cifras de la Organización Mundial, a Enero del año 2020, 300 millones de personas en el mundo presentaban Depresión. Claramente hablamos de una enfermedad de alta frecuencia en nuestra sociedad moderna, que tiene diferentes causas y que lamentablemente hoy, también tiende a afectar al pueblo de Dios. Ánimo deprimido, pérdida de interés por la vida, reducción de las energías, sensación de angustia, en ocasiones con afectación del apetito y del sueño, entre otras.


Probablemente, más de algún oyente ha sentido esto alguna vez en su vida, pero esto no le hace menos cristiano, sino reconocer que somos seres humanos y nuestra alma, asechada por el mal puede estar pasando un muy mal momento. Más allá de profundizar en el tema, es importante saber que todos podemos estar expuestos a esto, más aún en tiempos de complicaciones familiares, sociales, económicas, de salud global, falta de trabajo y tantas otras cosas. Frente a las necesidades humanas, frente a las carencias, siempre el alma sufre, se debilita y no puede resistir la presión. Por esto Pablo, en el capítulo en que se encuentra el verso de nuestra meditación, en verso 11 y 13 llama a los hermanos a “estar firmes”.


Es muy sobresaliente la actitud del apóstol Pablo frente a las distintas situaciones o momentos que le tocó vivir, fueran estos momentos de bendición y alegría o de tribulación y angustia. Claramente era un soldado de Jesucristo, preparado para todo tipo de batalla, preparado para todo tipo de terrenos y circunstancias, porque había aprendido las enseñanzas que recibió de parte del Señor o de quienes aprendió estar preparado para todo. Pero más allá de lo que había aprendido, había algo superior, que explica sus capacidades como hombre de Dios; esto es fortalecerse en el Señor. El hablando de sí mismo en la carta a los Efesios capítulo 4, verso 12 y 13 dice: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Su propia descripción, muestra un Pablo capaz de poder con todo; “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Su secreto para resistir era Cristo quién le fortalecía.


Es con esta alta experiencia y nivel de virtudes, que el apóstol al escribir a los Efesios les habla de lo que él sabía y había vivido en sus diversas experiencias; abundancia, escasez, saciedad, hambre. Por tanto, con propiedad llama a la iglesia, diciéndoles “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”.


La vida cristiana se caracteriza por someternos a diversas situaciones que exigen fortaleza. Fortaleza frente a las pruebas y también frente a las tentaciones. El apóstol describe la vida cristiana como una batalla de la fe, un frecuente y permanente conflicto con el enemigo del alma, quién asechará siempre al pueblo de Dios. Pero él sabía, porque lo había aprendido y por lo mismo lo aconseja a la Iglesia, “fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. A diferencia de Sansón, cuyo secreto de su fuerza estaba en su cabellera, el secreto o la razón de la fuerza de Pablo está en el Señor.


Para el Salmista, esto era claro, “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién me he de atemorizar?” (Salmo 27:1) Note la frase, “El Señor es la fortaleza de mi vida”. Por eso, que hermosa recomendación de Pablo, “fortaleceos en el Señor”. Esto quiere decir, que, de la persona de Cristo, surge nuestra fuerza, surge nuestra energía espiritual, nuestro buen ánimo para vivir, de él proviene el vigor a nuestros estados de ánimo, está la sanidad a cualquier angustia innecesaria. Y de la manera, que nosotros le conocemos a él como nuestra fortaleza, él también conoce a los que acuden confiados a él; frente a esto, el profeta Nahúm señala, “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían” (Nahúm 1:7). Él conoce a los que en él confían, él sabe todas las causas de las angustias de su pueblo y nunca nos dejará.


¿Se recuerda de Elías bajo ese Enebro? Estaba angustiado, aparentemente si capacidades para resistir la dura experiencia y persecución que sufría. Pero Dios le envió su ángel, para fortalecerle.


¿Alguien necesita resistir? ¿alguien está pasando un proceso de angustia y que le ha llevado a debilitar aún más el alma? Aquí está nuestro Señor. No ha enviado un ángel, sino él mismo, se ofrece para que seamos fortalecidos. “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”, este era el consejo experimentado del apóstol. “Y en el poder de su fuerza”, el poder de su fuerza abrió el mar rojo, luego el jordán, hizo caer muros de Jericó, hizo fluir agua de la roca, caer maná del cielo en el desierto, él calma la mar y los vientos ¿habrá algo que limite el poder de su fuerza?


Que cada uno de nosotros seamos fortalecidos en la persona amada de nuestro Cristo Salvador y en el poder de la fuerza, de nuestro Dios Todopoderoso.


¡Dios nos bendiga!











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