• Juan Guerrero N.

Juntos en armonía

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! (Salmo 133:1).


La iglesia de Cristo, impedida de congregarse en sus templos, ha desarrollado su actividad de adoración y servicio teniendo como espacio principal el hogar y la familia. Y es en el núcleo de la familia, donde la amada de Cristo no puede dejar de relucir como una blanca novia reluciente, preparada esperando al Salvador. Es así, como la iglesia del año 2020, ha alcanzado la bendición de realzar el altar familiar y las promesas dadas a Abraham, cuando Dios le llamó y dijo: “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3).

El versículo de meditación nos invita con exclamación sublime, a mirar o considerar, cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía. Entendemos como hermanos, a todas las personas que poseen los mismos progenitores o proceden de un padre o madre en común; por cierto, en ausencia de estos, otra persona podría cumplir el rol de progenitor, en base a la creación de un núcleo familiar y la existencia de lasos sanguíneos y afectivos. ¿Se imagina como seríamos si tuviéramos que nacer, crecer y desarrollarnos aislados de la familia, apartados de seres amados y sobre todo sin el afecto y cuidado de padres y hermanos?

Se dice que la familia es la unidad básica o elemental de una sociedad y una de sus principales funciones es preparar a las personas para transformarlas en seres sociales. Esto significa que la familia, no solo enseña acciones elementales para la sobrevivencia y el cuidado como el alimentarse, vestirse, asearse, caminar, etc.; sino, además, permite que las personas desarrollen habilidades sociales que son imprescindibles para la identidad y convivencia social; cuanto más respecto a la enseñanza del camino del Señor, “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6).

La familia es considerada además la principal fuente de estrés, es en ella donde se generan las mayores tensiones diarias, que deben gestionarse con sabiduría y amor. Una familia que cumple sus funciones en forma saludable formará individuos con relaciones saludables en distintos aspectos, como: la cohesión familiar, adaptabilidad, permeabilidad, comunicación, afectividad, roles y armonía.

La armonía, se refiere a la capacidad de los integrantes de una familia para alinear sus objetivos y deseos personales a los objetivos del grupo familiar; es decir, considerar siempre el bien común y colectivo de la familia. Esto es difícil cuando se carece de metas comunes y de vínculos de unión comunes; de ahí la importancia del espíritu Santo en la familia cristiana, ya que permite el desarrollo de la común unión o como señala el Salmo 133, disfrutar de la armonía que produce la comunión en Cristo. En contraposición a lo anterior, en sociedades con decadencias valóricas y morales, vale la pena preguntarnos qué sucede con las familias. La familia es el espacio intermedio entre la persona y la sociedad, por esto algunos consideran la familia, como un verdadero laboratorio social, donde aprendemos a amar, solidarizar, respetar la autoridad, ser amables, gentiles, afectuosos o quizás todos los antónimos a las palabras descritas; de la misma forma en que se desarrolla y aprende lo bueno, se podría aprender lo malo, por ejemplo, las rencillas, envidias, egoísmos, etc. En relación con esto, el Apóstol Pablo señala, “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8). En este ejemplo, es evidente que no proveer para los suyos, no sólo es un acto irresponsable y clara manifestación de desamor, sino también de ser un cristiano superficial, siendo considerado peor que un incrédulo. NO olvidemos que San Juan señala respecto a los incrédulos, “…el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el unigénito hijo de Dios”. (San Juan 3:18).


En nuestras familias, ¿Que aprenden los niños, los adolescentes y jóvenes en la familia cristiana?, ¿Cuáles con los gestos más observados, las palabras más pronunciadas, los momentos más impactantes de sus vidas?, ¿Qué trato reciben los ancianos y los abuelitos de nuestras familias?, ¿crece cada día el amor en el matrimonio?, ¿hay aspereza de parte de los esposos a sus esposas?, ¿Qué manifestaciones concretas de honra brindan los hijos a sus padres?

Algunos ejemplos bíblicos para profundizar nuestra meditación:

-La falta de armonía entre Caín y Abel, que genera el primer homicidio de la historia

-La armonía de los hijos de Noé para trabajar juntos en el Arca, el gran proyecto de Dios.

-Job, el padre ejemplar que ofrenda intercediendo por sus hijos ante Dios

-Elí, el sacerdote que no estorba las malas obras de sus hijos y termina reprobado por Dios, perdiendo su vida.

Finalmente, recordemos que como iglesia gustamos de ser llamados la familia de Dios, donde cada uno cómo hermanos, debemos desarrollar las mismas relaciones de convivencia, respeto, obediencia, afectividad, comunicación y tantas otras bellas dimensiones, pero todo enmarcado en el contexto del amor fraternal. Por esto, se nos recuerda: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 de Juan 4:20).

¿Vive con sus amados juntos en armonía?

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