• Juan Guerrero N.

La mejor actitud para "saber ser" en la obra del Señor.

Todas vuestras cosas sean hechas con amor.

1 Corintios 16:14.


En el mundo laboral, muchas empresa han desarrollado modelos para capacitar a sus trabajadores. Entre estos modelos, el basado en Competencias Laborales y que se traduce en lo que un trabajador debe “Saber”, “Saber hacer” y “Saber ser”, con el fin de ser idóneo, eficiente, en otras palabras, un buen trabajador. Debe “Saber”, es decir tener conocimientos; debe “Saber hacer”, es decir, poner en práctica sus conocimientos; pero también debe “Saber ser”, es decir tener actitudes adecuadas para cumplir sus funciones. Frente a la falta de saberes o conocimientos, los trabajadores pueden ser capacitados; frente a la falta de habilidades, se pueden entrenar; pero frente a las actitudes, los planes de desarrollo son más complejos, ya que las actitudes son más difíciles de cambiar. Actitudes asociadas a la honestidad, ética, cordialidad, entre otras podrán ser muy valoradas en ciertos puestos laborales. El gran problema, es que, en muchos trabajos, se puede tener mucho conocimiento, muchas habilidades para hacer bien las cosas, pero si no se cuenta con actitudes adecuadas, el trabajo no se hará en forma eficiente.


¿Pasará lo mismo en la obra del Señor? ¿Cuáles son las actitudes frente a las tareas que Dios nos da? E inclusive frente a nuestra propias cosas, nuestros deberes, ¿cuál será la recomendación de Dios?


Pablo, el apóstol siendo un gran obrero, sabe que recomendar a la iglesia del Señor. Entre sus observaciones, no hay duda, consideró adecuado recomendar, que los hermanos agregaran a su hacer diario y cristiano, un elemento fundamental para el servicio, “Todas vuestras cosas sean hechas con amor”. El amor, es parte del fruto del Espíritu Santo y como tal, es manifestación de nuestro estado espiritual y es un gran aporte al desarrollo colectivo de la iglesia. Pero ¿Qué hace relevante el amor, frente al hacer?


El amor en si mismo, nos permite cultivar y desarrollar actitudes cristianas que son elementales para agradar a Dios y servir en la Iglesia, “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:4-7). Estos versos se explican por sí mismos, ya que, aun siendo frases de cortas palabras, son tan profundas, que hacen imposible alcanzar mayor profundización.


El amor aporta siempre a la unidad de la iglesia, mediante una santa vinculación entre sus miembros. De esta forma, no importando diferencias humanas de lenguas, procedencia ciudadana, país de nacimiento, nos reconocemos de un mismo pueblo, mediante el sentimiento amoroso, bondadoso y benigno que procede de Dios y su amorosa paternidad, frente a la cual, aprendemos a llamarnos hermanos. Nos pueden unir muchas cosas, pero nada es perfectamente atractivo y vinculante, como el amor, tal como señala su palabra, “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14).


El amor contribuye a tener actitudes adecuadas en las relaciones humanas y en el trato mismo entre los hermanos de una congregación. Es natural que existan diferencias, como las hubo entre los mismos discípulos, pero el llamado es a ser humildes, mansos y pacientes, a fin de poder soportarnos. Esto es posible mediante el amor que nos debemos entre todos, “Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2). El amor, claramente brinda capacidades de soporte en la convivencia humana. Un ejemplo, es la misma constitución familiar; pueden ocurrir muchas cosas favorables y desfavorables, pero se podrán soportar de mejor forma, en la medida que en la familia exista y se exprese amor.


El amor nos ayuda en la obra de Dios a evitar rencillas pasadas, para aportar y avanzar hacia un estado espiritual no solo individual, sino también colectivo, en el que se pueda hacer morir y sepultar malas obras o acciones. “El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas” (Proverbios 10:12). Cubrir todas las faltas, no significa esconder lo malo, sino hacernos cargo en forma responsable; tener una actitud adecuada para pedir perdón cuando corresponde, pero a la vez, desarrollar actitudes para perdonarnos con amor y aprender a dejar atrás lo malo. Cubrir, es equivalente a sepultar lo que no aporta a nuestra santidad ni unidad como congregación.


“Todas vuestras cosas sean hechas con amor”, es el llamado a amar lo que hacemos. Esto dará bendición a nuestro hacer en la obra de Dios. No imagino a un sembrador, lanzando la semilla con odio u otros malos sentimientos o actitudes. Su trabajo, lo hace con amor, del cual derivará una actitud paciente para esperar la cosecha. La cosecha será dulce y de gozo, aunque el cuidado de la semilla haya demandado sacrificio, dolor y lágrimas; esto es posible solo por amor.


“Todas vuestras cosas sean hechas con amor”, brindará una actitud y productos o frutos de excelencia en el trabajo cristiano, tratando de hacer todo con calidad, bajo estándares tan altos como los que dejaron los apóstoles. Nada a la ligera, todo ordenadamente; como lo enseña la misma Palabra del Señor; nada improvisado, sino todo conforme a los propósitos divinos, prudente y sabiamente, en pro del desarrollo general de nuestra iglesia. En esto todos podemos aportar, no solo quienes tengan mayor responsabilidad, sino todos quienes somos parte de la hermandad.


Por último, escudriñemos para crecer en conocimientos y en nuestro “Saber”, desarrollemos habilidades cristianas necesarias para cumplir nuestras labores y nuestro “Saber hacer”, pero no olvidemos que es fundamental cultivar nuestras actitudes cristianas, para desarrollarnos en el “Saber ser”. Hagamos todas las cosas con amor, para dar realmente lo mejor al Maestro y seguir las recomendaciones del apóstol Pedro, quién en su experiencia personal, supo lo que es ser exigido a amar, léalo en San Juan capítulo 21. Pedro, siendo ya un anciano, inspirado por el Espíritu Santo, escribe a la iglesia diciendo, “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 Pedro 1:5-7). El amor, es el fundamental elemento para el servicio en la iglesia.


Dios nos bendiga.

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