• Juan Guerrero N.

LA SALVACIÓN TE LIBRA DE MUERTE ETERNA

La muerte es uno de los grandes temores del hombre y uno de los enemigos que jamás por si solo podrá vencer. Solamente Cristo el vencedor de la muerte, nos librará de la muerte eterna.


Una de las certezas más evidentes del ser humano es que tan solo es un pasajero o peregrino en esta vida. De la misma manera en que ha nacido, sin educación, sin bienes ni propiedades, sin logros alcanzados, se tendrá que ir; me refiero a la muerte del cuerpo. El corazón humano late con una frecuencia promedio de 75 veces por minuto, con un rango normal de 50 a 100; pero un día, en cada cuerpo se detendrá. Sin nada tendremos que presentarnos ante el creador. Claro, que si usted no cree en Dios, probablemente se ilusiona con reencarnarse en otro ser o bien no tener más memoria de quien ha sido.

Para quienes gustamos de la fe cristiana, sabemos que un día se ha de cumplir lo escrito por Juan, "Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras" (Apocalipsis 20:12).

Habrá un momento en la historia de la humanidad, que según el reloj de Dios, será tiempo en que todo ser humano deberá ser juzgado ante su presencia. Grandes y pequeños, sin acepción, daremos cuenta según nuestra obras; allí estarán los ricos y pobres, los ilustres y los olvidados, los débiles y los fuertes, los grandes personajes de la historia antigua y moderna, los religiosos, los políticos, los artistas, los que creen y los incrédulos, su familia, mi familia, usted y yo. Ahora bien, los cristianos sabemos que todos somos pecadores, pero cuando el ser humano recibe a Jesucristo como Salvador y se evidencia mediante lo que llamamos el nuevo nacimiento o la nueva vida, entonces entendemos que ha pasado a formar parte del listado de salvados que están registrados en el Libro de la Vida. Esto asegura vencerá la muerte del alma o muerte eterna; ahora no me refiero a la muerte del cuerpo, sino a la condenación eterna de los perdidos, "Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego" (Apocalipsis 20:15). Entiendo que muchos al leer estas palabras se resistirán a esta gran verdad o la creerán a medias y yo lo comprendo perfectamente, ya que es como si el año 2019 hubiéramos dicho que llegaría la hora en que vendría un virus que generaría una Pandemia y tendría a todo el mundo confinado en casa, generando una gran crisis global como nunca nuestros ojos han visto ni nuestra mente ha imaginado; ¡no lo hubiéramos creído!

Se que es difícil de creer, pero llega la hora y el día en que ocurrirá y hoy Dios quiere que usted y yo podamos ponernos a cuenta con Él. La Biblia dice: "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Isaías 1:18). Si hasta hoy, no ha considerado pensar, en esa vida después de su muerte, creo que es oportuno hacerlo ya. Por esto el llamado "venid luego" a fin de que Dios limpie, lave, purifique su ser de aquellas cosas que nos separan de Dios. Nuestros pecados nos separan de Dios, pero por Jesucristo podemos ser librados de la condenación de la muerte eterna; porque una es la muerte inevitable del cuerpo y otra es la muerte eterna del alma, que es evitable, según lo que usted decida. Esto es altamente importante de entender, el pecado nos condena a morir eternamente, separados de Dios; pero al entregar nuestra vida a Jesucristo, aceptándolo como Salvador alcanzaremos el perdón y la vida eterna, "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23).

La invitación es para que, sin perder más tiempo, dado que no conocemos el día ni la hora de nuestra eventual partida, hoy mismo haga una oración o conversación con Dios. Imagine, que usted se atreve a llamarle por móvil o teléfono y solicita hablar con Él. No, no piense que está muy ocupado, ni que no podrá atender su llamado. Él le está esperando ahora, como el padre esperó a su hijo pródigo. Lo importante no es si quieres darle una oportunidad a Dios. No se la des a Él; eres tú quién debes darte la oportunidad de buscar a Dios para ser salvo.

Dios te ama grandemente y desea que aceptes la oportunidad de cambiar el futuro de muerte eterna por la salvación y vida eterna del alma.

​A Jesucristo, mi amado Salvador, Señor y Rey sea la honra y gloria por siempre.