• Juan Guerrero N.

¿CAMINAS REALMENTE CON Y HACIA DIOS?

Jesucristo es Dios y el único camino al Padre.


“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi”

San Juan 14:6

El Evangelio de Juan señala que, en el principio, en los días de la creación el Hijo estaba con el Padre creando todas las cosas. Juan le llama el “Verbo”, palabra en latín que llevada al griego significa “logos” y que traducido a nuestro idioma significa “palabra”. ¿Le resulta conocido esto? ¿Cuál es el verbo, el logos o la palabra de Dios?; Jesucristo. Observe lo señala el Apóstol Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (San Juan 1:1). Sin embargo, aun siendo el Hijo y habitando junto al Padre, pues también era Dios, tomó la decisión de cumplir un plan de Salvación de la raza humana y para esto se humanó, es decir, se hizo humano tomando cuerpo y carne como nosotros, las únicas criaturas pecadoras de su creación. Sobre esto último, el Apóstol Juan dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (San Juan 1:14). Esta es la prueba más grande de amor, quién perteneciendo a la gloria y majestad divina, no se aferra a su posición de Dios, sino decide rebajarse a la posición de los pecadores, para tomarlos y llevarlos como pequeñas criaturas al encuentro con su Padre celestial. De esto hable el Apóstol San Pablo en su carta a los Filipenses cuando les dice: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6 y 7).


Mientras en la cruz lució un cuerpo mortal, imperfecto, demacrado, con las señales del verdugo, del azote, las espinas y los clavos; en su resurrección, luce victorioso, con un cuerpo transformado. Aunque su costado y sus manos aun tenían las señales del dolor, estas testificaban que quién estaba levantado entre los muertos no era un impostor, sino aquel que ante todos había sido muerto en el madero.

Para quienes dudan de que Jesucristo es Dios, es importante recordarles, que el mismo Dios Padre aprobó que su hijo Jesús fuera adorado como Dios, por ángeles y humanos. Uno de los grandes misterios bíblicos, una de las más grandes divergencias religiosas es la aceptación de Jesucristo no como profeta o enviado, sino como Dios mismo. Por esto, el cristiano, no sólo cree y le acepta como Salvador, sino también le alaba y adora, porque es nuestro buen Dios que merece toda honra y gloria por la eternidad. Una de las primeras manifestaciones en la tierra de su divinidad, no fueron sus grandes milagros, sino cuando Dios el Padre, encomienda a sus ángeles del cielo para que el día del nacimiento de Jesús cantaran y le adoraran, “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios” (Hebreos 1:6). Luego es posible ver como desde el oriente, unos magos guiados por la estrella fueron llevados al lugar del nacimiento. Frente a Herodes ellos dijeron “… ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (San Mateo 2:2). La frase venimos a adorarles se hizo manifiesta cuando al ver al niño “postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (San Mateo 2:11). No sólo existió adoración celestial, sino también seres humanos participaron del reconocimiento de su divinidad.


Es el único medio entre Dios y nosotros, por esto se presentó a si mismo diciendo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi” (San Juan 14:6). El camino a Dios no son las tradiciones humanas, ni la religión, ni los dogmas o filosofías, ni el mucho dar, ni tampoco los seres humanos que han muerto, ya que ninguno ha demostrado tener de Dios Padre la nominación o título de Salvador; sólo nuestro Señor Jesucristo. Cuando niños oíamos decir que los buenos iban al cielo. El evangelio nos enseña que no hay ninguno bueno, todos somos pecadores y la entrada al cielo no depende de gestos de nobleza o piedad, sino de abrir nuestro corazón a Dios y recibir a Jesucristo como Salvador. Pero ¿qué significa esto tan ambiguo y subjetivo? ¿Qué es aceptar a Jesucristo como Salvador? Es reconocer que somos pecadores y que la única persona que puede llevarnos a Dios es quién murió derramando su sangre en la cruz por nosotros. Sólo quién da la vida por nosotros es digno de admiración, amor y de nuestra entrega.

Superior a todos los profetas, a todos los patriarcas de Israel y a todos los ángeles del cielo, por cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Mientras en la cruz lució un cuerpo mortal, imperfecto, demacrado, con las señales del verdugo, del azote, las espinas y los clavos; en su resurrección, luce victorioso, con un cuerpo transformado, aunque su costado y sus manos aún tenían las señales del dolor, estas testificaban que quién estaba levantado entre los muertos no era un impostor, sino aquel que ante todos había sido muerto en el madero. ¿Por qué lo hizo? El autor a los Hebreos lo señala en el capítulo 1, versículo 3: para efectuar “la purificación de nuestros pecados”.


Ahora vencedor se levantó a los cielos, para “ser heredero de todo”, había vencido y luego se levantó a los cielos para que demuestran su sacrificio Luego de su muerte, su cuerpo con señales El cristiano más allá de simpatizar frente a la vaga idea de algunos que Jesús, fue un gran ser humano, que fue un gran ejemplo de amor y solidaridad, que fue un emblemático líder de personas vulnerables, que fue un gran profeta o como otros aseguran fue una persona que supo utilizar un alto porcentaje de su cerebro, debe mantener firme su fe, certeza y convicción de que Jesús el hijo del carpintero fue el enviado por Dios el Padre y que luego de vencer el pecado y la muerte, se levantó de entre los muertos para ser investido de poder y Gloria y ser reconocido como el Cristo, Rey de Reyes y Señor de Señores. Él reinará por los siglos de los siglos, sin fin. Hoy nosotros, con fe sabemos que Jesucristo es Dios, el verbo y la palabra, no sólo en el pasado de la creación, sino también en nuestro presente y futuro, porque hemos aprendido a caminar con Dios y caminar hacia Dios. Todo posible gracias a la persona maravillosa de nuestro Salvador Jesucristo.


¿Caminas con y hacia Dios?