• Juan Guerrero N.

No solo de pan podemos vivir.

“El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. San Mateo 4:4.


Desde su nacimiento, el ser humano se desarrolla adaptándose a las distintas circunstancias y etapas de su vida. Desde que es un embrión hasta su último suspiro o latido cardiaco; frente a esto un día más de vida es a la vez un día menos de vida corporal. Según datos del Banco Mundial, en 1960 la esperanza de vida al nacer era de 52 años y el 2018 de 72; esto quiere decir que como promedio a nivel mundial la población tiene mayores posibilidades de llegar a edades mayores. Esto totalmente relacionado a los avances en la ciencias de la medicina, la salud, la tecnología, pero por sobre todo la calidad de vida. Quienes viven en países más desarrollados, con mejores condiciones de vida viven más y mejor que aquellos que viven en países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Vivir más es el deseo del ser humano y para esto el humano se afana en conseguir todos los medios de sustento posible.


El apóstol Pablo, a los Filipenses en Capítulo 1, versos 21 y 22, señala Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger”; claramente reconoce que la muerte le es una ganancia, pero por amor a la obra evangelística, declara estar en el aprieto de no saber que escoger. Para Lázaro el pobre, luego de haber tenido una vida de sufrimiento, indudablemente le fue mejor estar en los brazos del padre Abraham; pero para el rico, perder la vida corporal le significó llegar al lamento eterno.


Satanás el diablo creía que, para el Señor Jesucristo, en medio del largo ayuno que precedió su inicio ministerial, el tener hambre, sería una motivación suficiente para utilizar sus poderes divinos en provecho de su cuerpo humano, para lo cual le instó a convertir las piedras dispuestas en el desierto, en pan. He aquí el reconocimiento satánico de que Dios es poderoso para convertir o hacer aparecer pan donde no lo hay. No olvidemos que el mismo autor a los Hebreos señala “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía(Hebreos 11:3), por esto recordemos que aún en pleno desierto Jesús nuestro Señor alimentó a 5 mil hombres sin contar a mujeres y niños que formaban la multitud. “Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada” (San Juan 6:12).


Frente a la respuesta del Señor, dada al tentador, observamos que no solo de pan físico puede vivir el hombre. La vida del ser humano, no se puede basar solamente en vivir con la preocupación y afán de satisfacer deseos humanos, aunque sean necesidades humanas vitales. Tener como justificativo el ser un hijo de Dios, para poner a prueba la capacidad creadora, transformadora de Dios, no debe ser nuestra prioridad. Por esto, es importante usar sabiamente nuestros talentos, nuestra inteligencia humana, para poder cumplir con actividades laborales o productivas para lograr tener sustento diario necesario y proveer como cristianos a nuestras familias. Quien no tiene trabajo, debe pedir y buscar, para que se cumpla la promesa de Dios, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?” (Mateo 7:7-9).


De esta forma, Dios bendecirá su obra, prosperará su trabajo, aunque sea ilustre o sencillo. Puedo ser un empresario o un lustrabotas, un maestro ilustre o lavar autos; si Dios está conmigo, siempre mi trabajo será bendecido por Dios. Pablo, según Los Hechos capítulo 18, trabajaba haciendo tiendas, procurando no ser gravoso para ninguno y esto le era de bendición para su vida corporal, temporal o terrenal. Pero sus ojos espirituales, no hay duda no se focalizaban, ni daba mayor prioridad a lo terreno, sino a lo espiritual. Por esto el Señor señala, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).


En nuestra condición de cristianos ¿Como vivir más o mejor? La verdad es que la respuesta no es sencilla, porque lo primero que debemos comprender es que nuestra vida no nos pertenece, sino más bien, está solo en las manos de Dios. Teniendo claro lo anterior, debemos comprender que no solo podemos preocuparnos del pan material, saciarnos de alimento y vestir nuestros cuerpos, sino también de saciar la necesidad espiritual. ¿Cómo está mi apetito espiritual? ¿deseo comer o gustar de la Palabra del Señor? No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. En un cristiano, la Palabra de Dios es fundamental para tener vida, dijo el Señor “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (San Juan 5:39).


El pan, siendo un producto elaborado para saciar el hambre del hombre, con distintos tipos, según la cultura, procede de elementos naturales. La promesa divina es que a sus hijos no le faltará el pan. Aún en el desierto, Israel fue alimentado a diario con un producto llamado el maná que era la evidencia de que Dios todos los días, sin acepción se preocupa de suplir las necesidades de sus hijos, de su pueblo, hoy de su iglesia. Pero, nuestro Señor nos recuerda que nuestra mente no debe acoger los pensamientos del diablo para pensar solamente en la vida corporal, terrena o temporal, No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios; esta frase nos revela que debemos hacernos cargo de la necesidad de mantener nuestra vida espiritual. No podemos sentirnos saciados, hastiados frente a Dios; siempre debe haber apetito para comer del pan divino, no de cualquier palabra, sino de toda Palabra que sale de su boca. Esta palabra de su boca será la espada que juzgará al mundo, pero hoy es el alimento y fortaleza de la Iglesia. Nadie puede por sí mismo, sostenerse espiritualmente, obviando la Palabra de Dios.


El tentador, desea que nos hundamos en el subdesarrollo espiritual, que no veamos la necesidad de mejorar nuestras condiciones de vida cristiana, con las cuales podremos perseverar hasta el fin. El tentador desea que nuestros ojos miren las piedras de nuestro entorno para priorizar nuestras necesidades corporales y humanas. Vencer en medio de la tentación y aún en medio de la necesidad, nos permitirá perseverar en esta gran verdad, “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.


Que el Señor nos bendiga.




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