• Juan Guerrero N.

Paciencia, como fruto de nuestras pruebas.

“Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”

Santiago 1:3.


Muchas personas cuando se refieren a la fe le señalan como algo que permite hacer cosas sobrenaturales; citando en muchos casos que con ella podríamos incluso mover montes. Pero lo cierto es que lejos está en la voluntad de Dios el que intentemos mover los montes, ya que lo fundamental de la fe, es que ella nos dirige a Cristo para ser salvos por gracia y nos ayuda a permanecer hasta el fin. Para esto, Dios la prueba y mediante esto, genera la tan necesaria paciencia.


En medio de los días tan convulsionados, turbulentos e impredecibles que estamos viviendo a nivel mundial, una de las virtudes a las que deberemos aferrarnos es a la paciencia. Esta debe ser comprendida como un estado de calma y tranquilidad para esperar, una capacidad para sufrir, para tolerar desgracias, sufrimientos, adversidades, situaciones incómodas u ofensivas, incluyendo una capacidad para no demostrar molestia ni expresar queja. La paciencia es nombrada en Gálatas 5:22 como una de las virtudes o componentes del fruto del espíritu, siendo entonces parte de la naturaleza de toda persona que ha nacido de nuevo y que vive en el Espíritu, es decir, que vive dirigida y gobernada por Dios, recordando que la misma Biblia nos enseña que debe ser parte de las vestiduras espirituales de un cristiano, “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12). Tantas virtudes o frutos que demuestran la naturaleza espiritual de los escogidos por Dios y entre estos, por supuesto, la paciencia.


Un hijo de Dios, vestido en la paciencia, es capaz de sufrir duras adversidades y que incluso pueden llegar a ser tan extremas, como las sufridas por el profeta Daniel, léalo en el capítulo 6 del libro de Daniel. Estando cautivo en Babilonia, viviendo como extranjero, prisionero, extrañando su nación, en medio de un pueblo pagano e idólatra, con leyes que atentaban contra la fe en Dios y de su pueblo, tuvo que echar mano su fe y paciencia; era lo que lo podía sostener, aferrándose a la oración a Dios. Probada su fidelidad a Dios, se mantuvo fiel y guardo tranquilidad, calma ante la turbulencia de la prueba. Porque verdaderamente, para crecer en paciencia se debe poner a prueba nuestra fe, como señala nuestro verso de meditación “Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. El profeta es acusado, sentenciado a muerte y llevado al foso de Leones, donde milagrosamente pasó toda la noche con esas fieras y con la paciencia que le ayudó a soportar el sufrimiento. Al otro día, el rey Darío llegó al foso preguntándose si Dios habría guardado a Daniel. Y es desde la profundidad de un foso lleno de leones que surge la voz diciendo “Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo” (Daniel 6:21-22).


De esta forma el cristiano, que es un peregrino en este mundo, teniendo nuestra verdadera ciudadanía en los cielos, debemos convivir con un sistema mundial entenebrecido, que, desde lo social, lo económico, lo jurídico, vivimos una permanente decadencia que se aleja de la misma moral humana, de las buenas costumbres y mayormente de la suprema ley y voluntad divina. Sumando los efectos de la pandemia que estamos viviendo, las penas de la enfermedad y la muerte, sus grandes consecuencias en la salud, en lo social, en lo económico, generándonos un ambiente tan adverso, para cada hermano y familia. A esto se suman los movimientos sociales que se levantan en el mundo, violencia, la guerra en tierra santa y su impredecible escalada mundial, la incapacidad de controlar la pandemia en algunos países; todo hace que el hijo e hija de Dios, se aferre a su fe a Dios y se vista de paciencia. A nosotros nos dice el Señor, “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:35-36). Note lo que recomienda el versículo, “Os es necesaria la paciencia”.


Por tanto, ser pacientes permite mantener una actitud cristiana que es capaz de emprender frente a los tiempos difíciles, es una capacidad que nos hace fuertes, capaces para resistir todo momento dificultoso. Pero ¿cómo lograr ser más pacientes? En esto debemos desarrollar nuestro saber, nuestro conocimiento, ya que la respuesta divina es “Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. La palabra “sabiendo”, focaliza la necesidad de que sepamos, tengamos conocimiento y comprendamos con la razón de que es necesario que la paciencia surja a partir de la prueba de nuestra fe. Dios debe someter a prueba nuestra fe, no olvidemos la prueba vivida y sufrida por Daniel, luego de la cual no hay dudas de que su paciencia fue vio incrementada. Salió del foso, con bastante olor a león, pero con una fe inquebrantable y una paciencia que se elevó cuan fragante aroma ante la presencia de nuestro Dios.


Hermano y hermana, Dios ha probado y seguirá probando su fe. Por esto leemos en 1 de Pedro 1:7 “Para que sometida a prueba vuestra fe…”. Una fe en Dios, que nos permite ser salvos por gracia y a la vez nos acompaña en nuestra peregrinación cristiana, durante la travesía de esta vida, para que en nosotros se produzca la paciencia necesaria, para esperar con calma y tranquilidad hasta que el Señor venga a buscar su amada Iglesia. Esta misma paciencia es la que nos ayuda a esperar en las respuestas a nuestra oraciones, conforme a las palabras del rey David, quién dijo en uno de sus salmos “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor” (Salmo 40:1). Él mediante las diversas experiencias de su vida, aprendió a mantenerse fiel en medio de la prueba de su fe y esto le hizo crecer en paciencia. ¿Qué lograba David con su paciencia? Lograba que Dios se inclinara a él y oyera su clamor. Hoy Dios está también con su oído dócil, sensible e inclinado para oír el clamor de su iglesia; la iglesia que ha entendido que es necesario que seamos probados en cuanto a nuestra fe, pero que todo lo sucedido ha servido para que hoy seamos mucho más pacientes de lo que éramos, “Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.


Por último, ¿habrá algún oyente que se encuentra en el foso de la prueba?, Dios le ayudará a pasar toda la noche oscura, llena de tinieblas, pero en medio de ella, Dios enviará su ángel para que usted sea guardado. Luego llegará la luz de Cristo, el amanecer, la mañana que indicará el fin de la prueba, usted saldrá golpeado, cansado, con olor a prueba, olor a sufrimiento y lágrimas, pero a la vez con un olor fragante por mantenerse firme en la fe que produce paciencia. Es posible que nuestra fe, sea tan pequeñita aún que no nos alcanza para mover montañas, pero lo importante es que produzca paciencia para mantenernos firmes, recordando las palabas del Señor “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13).


Dios nos bendiga!!!

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