• Juan Guerrero N.

Palabras que son medicina

“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina”.

Proverbios 12:18.


Una de las cosas que el ser humano debe aprender para ser un ser sociable, es aprender a hablar. Pero no se trata de hablar de cualquier forma, sino según los estándares de cada idioma y sociedad en que vive. Los cristianos, los que hemos nacido de nuevo ¿necesitaremos aprender a hablar?, ¿Cuál debe ser nuestro estándar, ejemplo o modelo?


Siempre los cristianos, basados en el modelo bondadoso, benigno, amoroso y tierno del más grande de los maestros, nuestro Señor Jesucristo, deseamos imitar su maravilloso y sinigual ejemplo. Él mismo les señaló a sus amados discípulos, el día en que lavó sus pies, diciéndoles “porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (San Juan 13:15). Esta invitación del maestro para seguir su ejemplo nos lleva a recordar los diferentes momentos de su estadía entre la sociedad hebrea. Su permanente bondad y misericordia demostrada hacia los enfermos, los moribundos, los tristes, los que lloran, los que sufren duelo, los pobres, hacia todos los más necesitados. El Dios hecho carne, no había venido a condenar a los pecadores, sino a salvar y a buscar lo que se había perdido. El mismo apóstol Juan, mediante su evangelio en el capítulo 1, describe esos emotivos momentos, que no hay duda impactaron por siempre en su vida y fueron para él inolvidables, diciéndonos “…y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).


En cuanto a nosotros, sin dudas, deseamos ser discípulos que imitan a su maestro, ser vasos de honra ante Dios y útiles servidores de los demás demostrando amor, amabilidad, benignidad, fraternidad y tantas otras actitudes positivas que demuestran en nosotros que Dios nos ha hecho nacer a una nueva vida, siguiendo la vida y ejemplo piadoso de nuestro maestro. Y precisamente una de las cosas que debemos entender, es que el hacer las señales del maestro, prodigios, milagros, sanar enfermos, echar fuera demonios y tantas otras señales, se nos ha dado como real manifestación de su poder en nosotros los que hemos creído en su nombre; pero esto, el hacerlos, no depende directamente de nosotros sino de la voluntad de Dios, de la fe de los que necesitan el milagro y tantas otras variables. Pero lo que, si depende directamente de nosotros y es el tema de esta meditación, es imitar al maestro en cuanto a su maravillosa actitud al hablar. Sus palabras maravillaban aún a los más doctos y entendidos, siendo reconocido como un Rabí, es decir un maestro entre los mismos ancianos maestros de Israel, como lo reconoció el mismo Nicodemo.

Las palabras del maestro fueron siempre de bendición para los oyentes y muy opuestas al ejemplo del versículo de meditación, “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina”. Si bien es cierto, que en los días postreros y apocalípticos la Palabra de nuestro Señor Jesucristo, será una espada aguda de juicio para el mundo incrédulo, mientras estuvo en esta tierra, siempre sus palabras fueron de medicina para el cuerpo y el alma de los necesitados. La pregunta que naturalmente surge es, ¿Cómo son nuestras palabras como cristianos? En las distintas situaciones de la vida, ¿Mis palabras representan las palabras que Cristo pronunciaría? Con esto debemos juzgar si realmente como cristianos, necesitamos aprender a hablar.


Realmente las palabras del ser humano pueden ser diversas en contenido e intenciones, son un mar profundo de sorpresas tal como dice el proverbio “Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre…” (Proverbio 18:4). Por esto, nuestro versículo nos confronta al decirnos, “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina”. Un golpe de espada causa dolor, daño, heridas que pueden dejar serias consecuencias en el herido o simplemente pueden quitar la vida. Dios nos ayude a hablar como Cristo hablaría. Por esto Pablo, viendo la responsabilidad de cada predicador, le señala a Tito diciendo “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1), porque sabemos que la sana doctrina, es la verdad que convierte el alma, que alumbra el camino y que siempre será de salud y sanidad para los oyentes. Un día mientras Jesús el Señor hablaba, una mujer gritó a gran voz diciendo “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan (Lucas 11:27 y 28). Los que oían las palabras del maestro alcanzaban esa bendita bienaventuranza. ¿Qué alcanzan los que nos oyen? Si hablamos con la palabras de Cristo, también serán bienaventurados.


La iglesia, representa el cuerpo de Cristo. Somos los portadores de su palabra de amor, de su palabra de salud, sanidad y sabiduría. No me refiero a esa sabiduría humana, sino a esa sabiduría que es don de Dios. Por esto, nuestro versículo termina con la frase “…Mas la lengua de los sabios es medicina”. Un cristiano al hablar debe brindar medicina a los oyentes, trasmitir palabras saludables, palabras inspiradas en el amor, ternura y misericordia de Cristo hacia el que sufre; con esto reflejará la grandiosa obra que Dios ha realizado en su propia vida, tal como señala el mismo evangelio “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Lucas 6:45).


Por tanto, seguir el ejemplo de nuestro maestro en el hablar, significa sacar del buen tesoro de nuestro corazón, aquellas cosas que edifican, que curan heridas, que comparten fe, que animan a luchar en la vida y que impulsan a otros a seguir su jornada mirando siempre hacia los cielos. En este mismo sentido, fue muy clara la recomendación del apóstol a la iglesia de Éfeso, “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).


¿Qué tipo de palabra sale de nuestra boca?, nunca olvidemos que “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina”. Por eso, aportemos positivamente con nuestras palabras a nuestras familias, nuestras congregaciones y en nuestra comunidad donde vivimos, tal como aquel buen maestro que para algunos era solo un carpintero, pero para los que sufrían fue el médico divino, con cuyas palabras sanó y salvó a mucho.


¡¡¡Dios nos bendiga!!!




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