• Juan Guerrero N.

Paz para la vida presente y Santidad para la vida eterna.

"Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor".

Hebreos 12:14


¿Se ha dado cuenta que fuera de cada sepultura o cuando se menciona una persona fallecida, aparece la inscripción o frase QEPD? Esto, dado a la creencia popular que después de la muerte se logra el descanso y la paz. Sin embargo, Dios llama a los cristianos a seguir la paz en esta vida. Muchas personas desean lograr la vida eterna para el descanso en paz de sus almas, pero sin dejar de actuar libremente mientras viven. Existe la errada idea que, para llegar al descanso eterno, es necesario tener una vida sufrida y que quienes tienen una vida terrena feliz, deben morar la eternidad en un lugar de tormento, demostrándose disociación y contradicción entre vida terrena y eterna, entre vivir en paz o atormentado, como si fuéramos quienes podemos elegir en cuál de las dos vidas queremos tener el mejor vivir. Esto surge probablemente de la mala interpretación de muchos pasajes bíblicos, como el del Rico y Lázaro por ejemplo (San Lucas 16); recuerde que Dios nos enseña a vivir con adversidades y sufrimientos, pero no nos manda a vivir sin paz. Además, recordemos que la salvación no es por obras de justicia ni propias del sufrimiento, sino por gracia de Dios, "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8 y 9). Sin embargo, cuando el verso citado señala "y esto no de vosotros, pues es don de Dios", no significa que la tarea pertenece a Dios y solo de él dependerá mi eternidad, como falsamente aseguran muchos. ¿Quiere saber cuál es el requisito para vivir bien en la vida terrena y el requisito que a la vez le permitirá vivir la vida eterna?

La epístola a Los Hebreos fue escrita a comunidades cristianas donde existían judíos convertidos al cristianismo. Recordemos que el pueblo Hebreo era el pueblo elegido por Dios, pero rechazaron no solo a los profetas, sino también al Señor, dándole muerte en la Cruz. Pero la gracia salvadora alcanzó a algunos que formaron un grupo de verdaderos adoradores de Dios que se embarcaron en una nueva vida de crecimiento y maduración espiritual. Es a ellos a quienes se dirige el autor a los Hebreos, quién siente la necesidad de exhortarles a que siguieran dos cosas: La paz y la santidad. Llama la atención que ellos, habiendo sido formados en el judaísmo, una religión llena de tradiciones y costumbres religiosas tuvieran necesidad de Paz y Santidad. ¿Por qué es esto? Porque nuestras costumbres y tradiciones religiosas no garantizan que la persona es pacífica ni santa. ¿Cuántos cristianos amantes de tradiciones y costumbres, olvidando el amor al prójimo y a Dios mismo, viven sin Paz y Santidad?

La Paz es una de las virtudes que constituyen el fruto del Espíritu Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz,…” (Gálatas 5:22). Por lo tanto, se manifiesta mediante la acción directa del Espíritu Santo en el creyente, bautizándolo, sellándolo como propiedad de Dios y guiándolo a una vida que avanza hacia la madurez espiritual, encontrando en Cristo el Señor, el descanso suficiente y perfecto para nuestro corazón, que con tanta facilidad se llena de batallas internas, incertidumbres y afanes, por esto dijo el maestro, “La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (San Juan 14:27). Lo anterior nos muestra que la Paz de Cristo, garantiza una vida libre de turbaciones y temores. ¿Estará algún lector con su corazón turbado o visitado por el temor? La paz nos ayuda a vivir seguros y confiados en esta vida presente, sin movernos de la actitud pacífica, serena, tranquila que debemos tener como cristianos maduros, "Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve" (Salmo 125). ¿Pero porqué cristianos, que en los Templos muestran una actitud espiritual, en otros contextos tienden a perder su paz? En el hogar, trabajo, estudios, comunidad, vecindario, en el supermercado e incluso al interior de las congregaciones, muchas veces por situaciones menores y que se pueden manejar con sabiduría y una adecuada comunicación, se opta por demostrar descontrol, agresividad, ira, enojo, contienda, obras que proceden de una mente carnal, olvidando que siempre, en toda circunstancia debemos procurar actuar demostrando que realmente somo hijos del Padre celestial; ¡es muy cuestionable que una persona sin paz, sea llamada hija de Dios!, "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (San Mateo 5:9). Que resuene en nosotros esta meditación "Seguid la paz", la paz trae bendición al que la practica y ya hemos visto permite llevar una vida sin turbación y sin temores. Recordad al salmista, "Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela" (Salmo 34:14).

Y respecto a la Santidad, ¿Qué podemos decir? La Santidad es la virtud que nos asegura, no la vida presente, sino la que está más allá de la muerte. El verso de meditación claramente dice: “… y la Santidad sin la cual nadie verá al Señor”. ¿Cuántos cristiano creen caminar a los cielos, pero se han extraviado de la Santidad? Entendamos la santidad como un estado de separación de lo malo, de consagración evitando todo cuanto sea considerado maldad. Todos los cristianos somos pecadores, pero debemos procurar autoevaluarnos permanentemente frente a esta realidad. Es importante que cada día, frente a las promesas de vida eterna, de gloria venidera y tantas cosas hermosas preparadas para los escogidos, exploremos con humildad en nuestra vida corporal y espiritual, si en algo hemos manchado nuestra conciencia ante Dios, como lo aconseja el apóstol Pablo, "Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios". (2 Corintios 7:10). Recuerde: ¡sólo los santos heredarán la eternidad con Dios! Muchos que perderán la vida eterna con Dios, en el juicio reclamarán al Señor “en tu nombre hicimos milagros, sanamos enfermos, profetizamos y quizás cuantas otras cosas más, pero Él les dirá “… nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23). A esto nos referíamos cuando decíamos que, el dónde pasaremos nuestra eternidad no es dependiente de la tarea de Dios, sino nuestra; dependerá de si hemos seguido realmente la santidad.

Amado y amada en el Señor, si hay algo en la vida que debemos seguir, no son los diversos principios de la felicidad promovidos por el mundo o las muchas pseudociencias que surgen hablando de bienestar, ni seguir ideales filosóficos o políticos para alcanzar un mejor vivir. El consejo divino es muy sencillo de comprender, aunque difícil de practicar; debemos seguir la paz para tener una mejor vida presente y debemos seguir la Santidad para tener una vida eterna en los cielos. Aprendamos de los Hebreos, no se podían fiar en su costumbrismo, ni en su tradición, el secreto era ser cristianos que maduraban en el ejercicio de la paz y de la santidad.


Que nuestro buen Dios, les bendiga y prospere grandemente en paz y santidad.

48 vistas