• Juan Guerrero N.

¿Que es ser un hombre espiritual?

“En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién cono¿Que es ser un hombre espiritual?ció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:15 y 16).



¿Qué es un hombre espiritual?

¿será una persona que aprende a anular las necesidades o deseos de su cuerpo?, ¿Alguien que no piensa, ni se interesa en las cosas que están ocurriendo en el mundo o a su alrededor?, ¿alguien que castiga, maltrata o descuida su cuerpo, pensando en la enemistad entre la carne y el espíritu?, ¿Alguien con cierto peinado, ropa, o apariencia física que presume santidad?


Sería conveniente recordar que el capítulo 8 de la carta a los Romanos demuestra que obviamente el espíritu del hombre es distinto al Espíritu Santo de nuestro Dios. Mientras el espíritu del hombre es tan solo una dádiva de Dios en forma de soplo para que nuestro cuerpo tenga alma y seamos seres humanos, el Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad, es Dios mismo, que participó en el tiempo de la creación, de la decisión de formar al hombre Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26). Sin profundizar en esto, solo quiero señalar que es clara la intención divina, de que el hombre fuera hecho “conforme a su semejanza”. Atención con esta descripción, Dios no deseó de crear pequeños dioses, como algunos aseguran o el diablo deseó sembrar en la mente de la primera pareja, sino seres vivientes santos y cercanos, que convivieran en plena comunión con Dios.


Volviendo a la Frase “conforme a nuestra semejanza”, nos habla de la perfecta, plena y completa unidad entre los miembros de la trinidad divina, el Padre, el hijo y el Espíritu Santo. Un Dios trino, indisociable, inseparable, ligado, unido tal como dijo el señor “Yo y el Padre uno somos” (San Juan 10:30), unidad confirmada por la unción del Espíritu Santo, que dio el padre a su hijo, a Jesús el Señor, para que desarrollara su santo ministerio “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Los Hechos 10:38).


Por esto es inadecuado, impropio, alejado de nuestra doctrina, algunas frases que disocian o separan la trinidad; por ejemplo, decir, “Yo amo al Espíritu Santo”, como si el amar a Dios, fuera por separado. Quienes dicen estas frases, lo hacen muchas veces en un tono extraño, desafiante, sintiéndose muy espirituales, creyendo defender la obra del Espíritu Santo, cuando lo que realmente ocurre es que se refieren a amar, gustar o disfrutar de las manifestaciones públicas de dones o manifestaciones variadas al interior de los cultos u otras actividades. Cuando alguien dice “Yo amo al Espíritu Santo”, entiendo perfectamente a que se refiere, pero tales personas, deberán con humildad aceptar, comprender y aplicar el mandamiento de “Amar a Dios” sin necesidad de disociar la trinidad. No podemos errar ignorando las escrituras y el poder de Dios, ya que en ningún momento Jesús, ni los Apóstoles en medio de sus cartas o desarrollo de la Iglesia Apostólica, enseñaron a dividir el amor o adoración de la trinidad. Esto para iglesias que creemos en la doctrina de la trinidad, puede llegar a transformarse en una clara y evidente herejía. Por tanto, seamos humildes para aprender a como referirnos a Dios, como expresar nuestra adoración y ser más asertivos en lo que queremos decir. En otra oportunidad, quizás sería posible ahondar sobre este interesante tema.


Dios deseaba esa semejanza, esa unidad en la creación humana. Mirando algunos detalles de la creación, en el Génesis se relata hermosamente cómo el hombre luego de ser formado del polvo de la tierra, siendo un conjunto de materia inorgánica, conformado químicamente por una mezcla de suelo que contenía mayoritariamente átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros, siendo una figura inerte Dios transformó lo inorgánico en orgánico, generando de átomos separados, moléculas orgánicas que dan lugar a la vida, cómo las proteínas, lípidos (grasas), azúcares que siendo moléculas simples, dieron lugar a otras más complejas como el ADN y otras, apareciendo estructuras maravillosas como las células, los tejidos, los órganos y los sistemas. Todo en un acto supremo y soberano para brindar la vida, “…sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Solo un soplo, y ahora vemos un ser viviente, que posee: en primer lugar, un cuerpo, formado del polvo y transformado en una maravilla funcional; en segundo lugar, el espíritu dado por Dios mediante el soplo generando vida en el cuerpo; y, en tercer lugar, el ingreso del alma al cuerpo, siendo el hombre llamado un ser viviente, hoy diríamos “una persona”.

La naturaleza humana, es decir, toda persona posee conforme a la frase “nuestra semejanza”, una naturaleza tripartita, un cuerpo, un alma y un espíritu. La inicial intención de Dios es que el ser humano sea conforme a la semejanza de Dios; esto significa, una indisociable vinculación y comunión entre sus tres partes. No me refiero a que, si separamos el espíritu del cuerpo, este muere, sino me refiero a que, en la dimensión espiritual, podamos comprender la necesidad de vivir en un estado de equilibrio, integración, armonía, de sana interacción que bíblicamente sería vivir en el Espíritu. Mientras el pecado nos hizo perder la semejanza que deseaba Dios para nosotros, esta la recobramos mediante el nuevo nacimiento, el bautismo del Espíritu Santo y el vivir en la plenitud de Dios. La naturaleza tripartita del ser humano es alcanzada plenamente por la Palabra de Dios, cuando dice que “penetra hasta partir el alma y el espíritu” (Hebreos 4:12), incluyendo al cuerpo cuando el escritor a los Hebreos se refiere a las coyunturas y a los tuétanos.

Así existe un hombre natural, que nunca ha conocido el nuevo nacimiento (todos hemos sido hombres naturales) y no entiende estas cosas “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14). Existe un hombre espiritual, que ha conocido al Señor y luego del nuevo nacimiento, vive velando por mantener esa condición de hombre espiritual, recobrando esa semejanza perdida, logrando tener la mente de Cristo “En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:15 y 16). Por último, el hombre carnal, que es aquel que, habiendo sido espiritual, descuida su estado de santidad y vuelve a la vida pasada, a sus pasiones, desenfrenos. Las cartas apostólicas se dirigen a cristianos de la iglesia primitiva diciendo: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5). “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:1-3).


¿Vivimos en el espíritu realmente?, ¿Es espiritual el que danza, el que habla en lenguas, el que manifiesta algún don en especial? ¿Algún don preferiblemente sobre otro? ¿hace más espiritual al hombre, hablar a gritos en medio de la congregación? ¿se trata de hacer “Declaraciones” de sanidad, de poder, de prosperidad? ¿Sentirse profeta, enviado, atalaya?


El hombre espiritual, tiene buen testimonio, buena conducta conforme a la palabra del Señor, tanto a sí que él es capaz de juzgar todas las cosas, sin ser juzgado de nadie.


Que el Señor, nos bendiga.