• Juan Guerrero N.

SOY PARTE DE LOS PENSAMIENTOS DE DIOS

Jeremías 29:11.

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.




En tiempos de crisis, de angustias, de pruebas, es natural que frente a tanta incertidumbre, nuestro ser se impregne no solo de los infinitos pensamientos que cruzan por nuestra mente, sino también se llena y confronta en nuestra mente las opiniones y pensamientos de quienes forman parte de nuestro medio social. Por esto es que, tuvo que ser muy duro para Job, en medio de tanto dolor, convivir con los pensamientos y las palabras acusadoras de quienes se suponía eran sus amigos amados. Job en su duro proceso de prueba, había perdido todo lo humanamente logrado, la familia, sus siervos y los bienes temporales; pese a esto, en medio de tanta acusación, permanece indemne su integridad ante Dios. En este escenario de acusaciones, Eliú, quién era más joven que los tres amigos acusadores de Job, no se retrae de recordarle a Job, que Dios siempre envía mensajes y habla al hombre, diciéndole “Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; Pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Cuando se adormecen sobre el lecho, Entonces revela al oído de los hombres, les señala su consejo, Para quitar al hombre de su obra, Y apartar del varón la soberbia” Job 33:14-17.


Esto nos muestra que Dios se comunica directamente con sus hijos, aunque muchos en forma improductiva e innecesaria discuten si Dios hable al oído o al corazón, a mi, en lo personal me da lo mismo, porque lo importante de esto se resume en dos cosas: primero, reconocer la voz de Dios y segundo comprender el mensaje. Aquí dice que Dios habla también el oído del hombre, pero lo más importante es el propósito del porqué Dios habla; “Para quitar al hombre de su obra, Y apartar del varón la soberbia”. En tiempos del Profeta Jeremías, Israel producto de su soberbia, prevaricación, rebeldía, idolatría, abominaciones e infidelidad, fue entregado en manos de sus enemigos, tal como se lo anunció el profeta, “Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra.” (Jeremías 1:14). Esto hizo que Israel fuera advertido de un gran proceso de quebrantamiento, cuyo objetivo divino era volverlo a la posición que correspondía a un pueblo santo, “Y cuando dijeren: ¿Por qué Jehová el Dios nuestro hizo con nosotros todas estas cosas?, entonces les dirás: De la manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena” (Jeremías 5:19).


La profecía cumplida, llevó a un primer grupo de hebreos cautivos a la tierra de Babilonia, incluyendo, tesoros, utensilios santos del templo, jóvenes sabios, e incluso a uno de sus reyes. Esto era el plan de Dios, para tratar esa decadencia en la relación que había descuidado su pueblo. De esta manera, Israel viviría sometido a babilonia y a su rey Nabucodonosor. Este duro proceso de quebrantamiento fue el fruto o resultado de los pensamientos de Israel, por no oír la palabra de Dios y aborrecer su ley, “Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley” (Jeremías 6:19). Pero frente a los mensajes de Jeremías que señalaban detalladamente que esta era la voluntad divina, se levantaban muchos falsos profetas entregando mensajes que eran mejor aceptados por Israel, ya que anunciaban liberación y un pronto regreso a Judá. ¿Pero cuál era el propósito de Dios en el cautiverio? Jamás fue el exterminio, destrucción, aniquilación de su pueblo; antes bien le encomienda que se casen, se multipliquen porque, él en su fidelidad y amor, les tenía años mejores. Aún después del sufrimiento, aunque parecía difícil de creer, en medio del cautiverio, Dios se proyectaba junto a su pueblo amado, “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.


En la mente de Dios, donde surgen sus pensamientos, hay un lugarcito para nosotros y siempre sus pensamientos son para nuestra bendición, aunque sea primero someternos a tristezas, “afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien” (Deuteronomio 8:16). Por esto nuestro primer llamado es a comprender que en la mente de nuestro Dios, sus pensamientos acerca de nosotros son para nosotros muchas veces desconocidos, y por la misma razón, frente al desconocimiento, a la incertidumbre de los que tiene Dios para nuestro futuro se nos generan sentimientos humanos contradictorios y opuestos a la fe, generando una cascada de emociones negativas que termina con el desánimo y decadencia espiritual. No ver la quietud, la paz o bonanza en medio de la tempestad; no ver la cosecha en medio de tanto temporal; no ver estabilidad en la casa, en medio de las aguas de la lluvia y de los crecidos ríos que batallan el alma, nos hacen creer que no somos parte de los pensamientos de Dios. Sin embargo, sus pensamientos son mucho más elevados a los nuestros y por eso muchas veces no son conocidos por nuestra alma que vagabunda busca explicaciones en las esferas más bajas de la espiritualidad, “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).


¿Cómo podemos bajar nuestra ansiedad frente al futuro?, Primero comprendiendo que, si somos parte de un plan divino, que Dios tiene en sus pensamientos nuestra solución, la esperanza que no vemos y que nada se ha perdido de su control. Segundo, debemos rogar que nos revele su plan divino, para poder hacer precisamente obras conforme a su voluntad. Si yo no se que quiere Dios que yo haga, ¿Qué haré?. Dios reveló a Abraham su plan y luego él enfrentó el desierto y la travesía más ejemplar de un hombre de fe; Moisés recibió la revelación de Dios y le fue de tranquilidad para hacer prevalecer su voluntad por sobre sus temores; a José se le reveló tempranamente para que confiara en que su nombre, aunque fuera aún olvidado por sus hermanos y ex compañeros de celda, jamás sería olvidado por Dios. Dios no te ha olvidado hermana ni hermano, eres parte de sus pensamientos.

Pese a que las congregaciones han sido fuertemente golpeadas por la enfermedad y las serias consecuencias de la presente crisis, procuremos creerle a nuestro Dios, quién nos confirma claramente, “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros”.

Pese al cautiverio, Israel no estaba olvidado, Dios tenía pleno conocimiento y certeza respecto a lo que haría con ellos. No serían olvidados, aunque la prueba durare un tiempo no menor, todo tiene un límite que está divinamente establecido por Dios.

Que el Señor nos bendiga.


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