• Juan Guerrero N.

Usar bien la palabra de verdad

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. 2 Timoteo 2:15.




La conmemoración del mes de la Biblia en el mundo evangélico nos recuerda el reconocimiento internacional que se le ha dado, nominándola como el Libro de los libros, con profundos aportes a la literatura, mediante sus contribuciones históricas, poéticas, narrativas, sus análisis discursivos y otros. Pero lo más relevante de esto, para quienes somos cristianos, es el valor y efecto indiscutible que tiene en nuestra vida práctica y cotidiana. Reconociendo, por cierto, que más que el Libro de los libros, para nosotros deben ser las Sagradas escrituras que han evolucionado junto a distintos determinantes sociales, religiosos, históricos y tecnológicos, para transformarse en el Libro Santo, que hoy podemos gustar de tener en nuestras manos cada día. Esto es la Biblia, la Palabra de Dios en lenguaje humano y comprensible. Pero ¿qué es lo que realmente tenemos en nuestras manos?, Pablo nos señala “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17), ¡Qué gran responsabilidad es tener una espada en nuestras manos! Y que cuidadosos debemos ser para usar adecuadamente lo que se nos ha entregado. Por esto, el versículo de meditación señala en su frase final “que usa bien la palabra de verdad” y esto no se refiere solo a utilizarla en medio de una exposición, exhortación, predicación o sermón, sino mucho más, la responsabilidad de usarla bien, en forma adecuada en las mismas actividades de la vida diaria.


Una de las causas más frecuentes por las que se utiliza inadecuadamente la palabra del Señor, es el desconocer lo que es y desconocer lo que no es. A los mismos saduceos, religiosos contemporáneos del Señor, les reprochó su ignorancia frente a preguntas casi absurdas, diciéndoles “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mateo 22:29). Para no equivocarnos y usar bien la palabra de verdad, no podemos ignorarla ni pasar por alto el poder de Dios. El Señor les nombra por separado, Dice “Escrituras” y “Poder de Dios”, ya que ningún escrito bíblico por si solo, actuaría sino fuere por el poder de nuestro Santo Dios. Cuantos templos, sinagogas, parroquias, hoteles, bibliotecas y hogares tienen hoy la Biblia, pero no se manifiesta en ellos el poder de la palabra por no ir acompañada de fe. Esto es una realidad vivida por Israel, “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2).


Para usar adecuadamente la palabra de Dios, hagamos una pregunta poco frecuente, pero necesaria y útil, respondiendo solo algunos puntos. La pregunta es, ¿Qué no es la Biblia?

La Biblia no es un adorno en nuestros hogares. Dios mandó a Israel a guardar sus mandamientos y para esto encomendó que, en medio del hogar, las tiendas y las conversaciones entre padres e hijos, estas fueran realzadas en cuanto a la enseñanza. Para facilitar la enseñanza, el aprendizaje y, por tanto, el poder guardarlas, mandó a que fueran escritas en zonas visibles para la familia, “y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:9), “y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 11:20). ¿Dónde está hoy nuestra Biblia?, ¿Qué espacio hemos dado a ella en nuestro hogar? Muchas veces ocupan lugares cumpliendo funciones decorativas y ornamentales. Las escrituras, no son adornos, sino mandatos que debemos leer, meditar, aprender y cumplir en forma práctica.


La Biblia no es un amuleto de la suerte, que, por el hecho de tenerla, obliga a Dios a cumplir las promesas que en ellas están escritas. Elegir números de sus capítulos o versos para sentir una falsa dirección hacia la adquisición o compra de números de loterías o premios de azar, no sólo es una convicción engañosa y falsa, sino además demoniaca que les hundirán en destrucción, perdición y los traspasarán de muchos dolores, Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:9-10).


La Biblia no es un amuleto protector. Respecto a viajar con la Biblia es un buen propósito para leerla, pero dejarla sobre un vehículo, pensando que es casi un amuleto protector no sirve de nada si nuestra conducta es lejana a la voluntad de Dios y sobre todo si el conductor tiene la costumbre y osadía de exceder la velocidad permitida; los cristianos somos los primeros que debemos ejemplarmente respectar la ley. Tener la Biblia en una sala o cuarto, no hecha fuera las malas vibras como muchos llaman; lo importante es que quienes moran, trabajan o conviven en ese lugar, sea un hogar o el trabajo, por ejemplo, sean personas dirigidas por Dios y que practiquen los mandamientos de la Biblia.


La Biblia, en su condición de Libro no hecha fuera demonios como enseñan historias mundanas, muchas de ellas propias de literatura y cine, este es un poder delegado por Jesucristo el Señor a las personas que siendo verdaderos cristianos, en condición de reales creyentes son alcanzados por la promesa del Señor, Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18). Si llevamos una Biblia para que toque a un endemoniado o a un lugar, casa, sala, dormitorio, o lo que usted crea requiera una acción de Dios para reprender potestades espirituales, demonios o principados del mal, no se asegura una acción divina, si no es mediada por un verdadero cristiano. Es a la Iglesia a quién se le ha delegado todo poder para reprender huestes del mal, léalo en Mateo 16:18 y sobre esta roca] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.


La Biblia no es una fuente para debatir sobre religión, doctrinas, manifestaciones, ideas o prácticas cristianas. Debe evitarse esta conducta entre cristianos, más aún entendiendo que la Palabra de Dios es la espada del Espíritu y debe ser usada para enseñar el buen camino de la verdad, sin usarla para confrontaciones, disputas, contiendas o discusiones que para nada aprovecha, como señala Pablo el Apóstol.


Finalmente, seamos diligentes para cuidar nuestra conducta frente al cumplimiento de la Palabra del Señor y hagamos buen uso de ella, sobre todo procurando la edificación del cuerpo de Cristo que es la iglesia, en la que cada uno de nosotros debe ser miembros o vasos útiles y de honra.


Que nuestro trino Dios le bendiga.

118 vistas