• Juan Guerrero N.

¿Vida cristiana en libertad o esclavitud?

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Gálatas 5:1


“Firmes y adelante huestes de la fe, sin temor alguno que Jesús nos ve”, dice uno de los más emblemáticos himnos cantados por las iglesias evangélicas; un himno de alabanza a Dios, que nos hace marchar con firmeza y resolución, siguiendo el ejemplo del maestro. Se relaciona con nuestro versículo, “Estad pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”.


El apóstol Pablo, dirige estas palabras a la Iglesia que se encuentra en la provincia romana de Galacia, una congregación de creyentes que iniciaron su cristiandad en forma muy sincera, honesta, espiritual, aferrados a la fe y gracia de nuestro Señor Jesucristo. Pero el apóstol ha recibido noticias, que lo tienen maravillado de que tan pronto, los gálatas se estuvieran alejando del Señor para seguir un evangelio diferente, producto de algunos que perturbaban a la congregación con palabras que pervertían la cristiandad, intentando de imponer doctrinas judaizantes y esclavizadoras, que obligaban a cumplir ritos y ceremonias propias de la ley de Moisés. El apóstol, como vocero del Dios altísimo, hace un llamado ferviente a no cambiar la sana doctrina para hacerse esclavos del mal. Y no es que la ley fuera un mal, sino que el real problema, el gran mal era despojar a Jesucristo el Señor, de su posición de suficiente salvador y libertador del alma humana. Pablo a los Gálatas, les dirige frases que son verdaderamente fuertes, pero claras en el propósito de mostrarles su error, diciéndoles: “De Cristo os desligasteis”, “de la gracia habéis caído”, “¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?”.


En este contexto de vacilación y dudas, la carta apostólica irrumpe con este llamado “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. “No estéis otra vez sujetos”, esta frase muestra que antes habían estado esclavizados, sometidos, pero ahora, habían decidido volver atrás, retroceder, seguir doctrinas fraudulentas, como dice Pablo, un evangelio diferente.

Pero hoy, a pesar de que también existen diversas doctrinas judaizantes asechando el pueblo de Dios, uno de los mayores riesgos, es caer en la amnesia espiritual de olvidar que antes éramos esclavos del pecado, viviendo bajo su dominio y su señorío. Esto lo entendemos mejor, cuando leemos San Juan capítulo 8, cuando Jesús nuestro Señor se dirigió a los Judíos y les dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Los desconcertados y orgullosos oyentes respondieron que ellos eran hijos de Abraham y que nunca habían estado sometidos a ninguna esclavitud. Se hace evidente la negación humana, esa amnesia espiritual que intentó orgullosamente confiar en su historia, en su ascendencia hebrea, echando al olvido los diversas episodios de esclavitud, cautiverio y pérdida de libertad. Pero Jesús les confronta diciendo “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (San Juan 8:34).


Todos los cristianos que hemos nacido de nuevo y hemos experimentado la nueva vida en Cristo, reconocemos que antes de conocer a nuestro Señor Jesucristo, no solo estábamos perdidos y muertos en nuestros delitos y pecados, sino también, estábamos en una condición de esclavitud. El pecado, era el amo y señor de nuestras almas, reinaba en nuestro interior y exterior; primero actuando en nuestros pensamientos, intensiones, emociones y luego se proyectaba hacia nuestro exterior mediante nuestras acciones y también con nuestras omisiones, es decir no haciendo lo correcto. Con esto no solo nos revelábamos consciente o inconsciente contra Dios, sino también defraudábamos y heríamos a nuestro prójimo.


Pero hoy, ¿cómo vivimos? Por cierto, todos somos pecadores, pero en la condición de nuevas criaturas, procuramos con la ayuda de nuestro Dios, no retroceder a nuestras vidas antiguas, a nuestras obras carnales, a aquellas a las cuales estábamos sometidos bajo el dominio del pecado. Por esto hoy Dios no llama también a “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres…”. Ninguno ha alcanzado esta libertad por propio esfuerzo o su propia cuenta, la hemos alcanzado por gracia, por medio de nuestro Señor Jesucristo, Romanos 6, verso 14 dice “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”.


Un cristiano, debe velar y orar para no entrar en tentación. ¿Qué tentación?, la tentación de pecar. Gálatas 5, profundiza sobre el pecado, al señalarnos “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21). Es por cierto muy triste saber que muchos cristianos, apartándose de la piedad, de la santidad, de Cristo mismo y llevando un evangelio diferente, como los gálatas, no se han dado cuenta que viven bajo el dominio del pecado, olvidando que el vivir dominados por el pecado, les vuelve esclavos de él. De la misma forma que una persona adicta al alcohol y a drogas, le es difícil luchar con su adicción, al cristiano dominado por el pecado le es difícil luchar por su propia cuenta contra él. Recuerde que todos somos pecadores, pero el pecado recurrente, el pecado deliberado, que con consciencia se comete para salir de un apuro, para dañar, mentir, engañar, maltratar o sentir algún placer, solo vuelve al cristiano en un triste esclavo.


Esto es lo que desea el enemigo, una iglesia sometida al pecado, sometida al dominio del mal, que aparente santidad, que aparente conversión, pero que viva sumida en el error. Amados en el Señor, procuremos “Estad, pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”. Como dice el himno que recordabamos, "Firmes y adelante huestes de la fe, sin temor alguno que Jesús nos ve".


A nuestro Cristo Salvador, Señor y libertador de nuestra almas, sea la honra y gloria por siempre.




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